PARCELAS
La maleza cubre los solares del viejo Grup Sant Isidori de Mollerussa
Las parcelas que acogieron 4 edificios con 160 viviendas, cubiertas de vegetación seca. Denuncian su abandono y reclaman limpiarlos para evitar incendios

El grupo de viviendas, antes de su derribo. - J.GÓMEZ
El solar que ocupaban los cuatro bloques del Grupo Sant Isidori de Mollerussa están abandonados y con una gran cantidad de malas hierbas, algunas de las cuales superan el metro de altura. Los vecinos de la zona denuncian el estado de dejadez de las parcelas y reclaman una actuación urgente para retirar la vegetación. La principal preocupación es el riesgo de incendio ante la proximidad de la verbena de Sant Joan. Buena parte de la vegetación ya está seca y los residentes temen que algún petardo u otro material pirotécnico pueda hacer que prenda y provocar un incendio. La ubicación del solar, rodeado de viviendas y calles y carente de vallado, incrementa la inquietud entre el vecindario. La vegetación también ha crecido fuera de los límites de las parcelas y ocupa algunos tramos de las aceras que rodean el antiguo grupo de viviendas. Esta situación dificulta el paso de los peatones y obliga, en algunos puntos, a esquivar las hierbas o a caminar muy cerca de la calzada. Los vecinos piden que el recinto se limpie antes de Sant Joan y que se establezca un mantenimiento periódico para evitar que la situación se repita. En años anteriores, los trabajos de desbroce y limpieza corrieron a cargo del ayuntamiento de Mollerussa, pese a que el consistorio no es el propietario de los terrenos. La titularidad privada de las parcelas complica la gestión del espacio.
El Grupo Sant Isidori estaba formado por cuatro bloques, identificados con las letras A, B, C y D, que sumaban 160 viviendas. Los edificios, construidos durante la década de 1950, sufrieron un proceso progresivo de degradación que acabó provocando problemas estructurales en parte del conjunto. La afectación no era igual en todos los pisos, circunstancia que llevó a varios vecinos a oponerse al derribo. La demolición comenzó en 2021 y concluyó al cabo de un año. La Generalitat asumió el coste de los trabajos. Una vez desaparecidos los bloques, la propiedad del suelo continuó en manos de sus titulares. El futuro desarrollo urbanístico del espacio dependerá de los acuerdos que puedan alcanzarse con los diferentes propietarios. Mientras tanto, el terreno continúa vacío y los vecinos reclaman su limpieza.