Un tesoro entre arbustos: Halladas 200 cepas históricas que podrían revolucionar la viticultura
El proyecto Vinyes Antigues identifica variedades únicas en la Alta Segarra con apoyo del INCAVI. El cambio climático hace que estos descubrimientos cobren especial relevancia para el sector.

Los impulsores de la iniciativa documentando las viñas de Veciana. - MAR MARTÍ/ ACN
Un ambicioso proyecto de recuperación patrimonial está devolviendo a la luz un tesoro enológico oculto durante décadas en España. Un equipo de voluntarios ha logrado documentar 200 cepas históricas distribuidas en catorce municipios de cuatro comarcas catalanas: Anoia, Bages, Solsonès y Segarra. Esta iniciativa, que comenzó hace cinco años, busca preservar y difundir el pasado vitivinícola de la región, recuperando variedades que podrían haberse perdido para siempre.
El Instituto Catalán de la Viña y el Vino (INCAVI) ha asumido un papel fundamental en este rescate histórico, encargándose de analizar científicamente las diferentes variedades de viñedos encontrados. Los resultados preliminares son extraordinarios: de las 40 muestras analizadas hasta el momento, cinco corresponden a variedades completamente desconocidas y exclusivas de la zona, ausentes en todas las bases de datos vitivinícolas nacionales e internacionales.
Esta revelación supone un hallazgo de enorme valor para el patrimonio enológico español y será presentada oficialmente durante una jornada especial programada para el 19 de junio en Calaf, donde expertos y aficionados podrán conocer de primera mano la importancia de estos descubrimientos.
Del viaje rutinario al descubrimiento científico: cómo nació esta iniciativa
La historia detrás de este proyecto resulta tan fascinante como sus resultados. Todo comenzó con la curiosidad de Pere Tardà, responsable de la empresa Cat Patrimoni e impulsor de la iniciativa "Vinyes Antigues de l'Alta Segarra". Durante uno de sus trayectos diarios entre Igualada y Calaf, Tardà detectó lo que parecían ser antiguas viñas semi-ocultas entre matorrales cerca de Sant Pere Desvim.
Aquella parada casual se transformó en el inicio de una búsqueda sistemática que ha permitido catalogar 200 cepas distribuidas estratégicamente por el territorio. La colaboración ciudadana ha resultado crucial, con decenas de voluntarios dedicando su tiempo a explorar zonas remotas, documentar hallazgos y contribuir a la preservación de este patrimonio agrícola.
Los expertos estiman que muchas de estas cepas podrían tener más de 100 años, sobreviviendo a la devastadora plaga de filoxera que arrasó los viñedos europeos a finales del siglo XIX y principios del XX. Su aislamiento y abandono, paradójicamente, ha permitido que se conservaran intactas mientras las variedades comerciales dominaban el panorama vitícola moderno.
Variedades únicas: aliadas inesperadas frente al cambio climático
Uno de los aspectos más relevantes de este descubrimiento va más allá del valor histórico y patrimonial. Según explicó Carme Domingo, representante del INCAVI, las variedades antiguas identificadas presentan características especialmente valiosas en el contexto actual de crisis climática.
"Las altas temperaturas afectan enormemente a la viña, que es extremadamente sensible al cambio climático, provocando una maduración demasiado acelerada", señaló Domingo. Las variedades redescubiertas en la Alta Segarra destacan por ser más tardías y tener ciclos de maduración más largos, lo que las convierte en potenciales aliadas para la adaptación del sector vitivinícola a las nuevas condiciones climáticas.
Esta resistencia natural podría representar una ventaja competitiva para los viticultores que buscan alternativas ante los retos que plantea el calentamiento global. Expertos del sector estiman que la temperatura media en las zonas vinícolas de España ha aumentado entre 1,5 y 2 grados centígrados en las últimas décadas, alterando significativamente los ciclos de cultivo tradicionales.
Un modelo de cooperación entre instituciones, empresas y ciudadanía
El éxito de esta iniciativa radica en gran medida en la colaboración efectiva entre diferentes actores. Por un lado, la empresa Cat Patrimoni ha aportado la visión y el impulso inicial; por otro, el INCAVI ha proporcionado el rigor científico necesario para validar los hallazgos; mientras que los ayuntamientos de los 14 municipios implicados han facilitado recursos logísticos y acceso a terrenos.
Los voluntarios, verdaderos protagonistas de esta historia, han dedicado más de 2.500 horas de trabajo colectivo a la búsqueda, identificación y documentación de las cepas. Su labor incluye desde la exploración de terrenos hasta la recogida de muestras, pasando por la investigación en archivos locales para reconstruir la historia vitivinícola de la región.