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TURISMO

La hostelería leridana necesita 800 trabajadores para la campaña estival

La ocupación media se consolida por encima de 10.000 empleados en julio y agosto. Supera en rentabilidad a Jerez, Logroño, León, A Coruña y Murcia

Un grupo de viajeros camina por el entorno de la estación de ferrocarril de Lleida con sus maletas. - PAU PASCUAL PRAT

Un grupo de viajeros camina por el entorno de la estación de ferrocarril de Lleida con sus maletas. - PAU PASCUAL PRAT

Lleida

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El sector hostelero de la demarcación de Lleida necesita entre 800 y 900 trabajadores para afrontar la campaña estival, en la que el volumen de empleo se ha situado en los últimos años por encima de los 10.500 asalariados. La carestía de la vivienda se sitúa como el principal factor desincentivador para atraer a esos empleados de temporada.

“El problema es que cada año tienes que formar una plantilla prácticamente nueva. Nos debemos a la temporalidad de nuestras empresas”, explica Josep Castellarnau, presidente de la Federació d'Hostaleria de Lleida y empresario hotelero del Pallars Sobirà.

La temporalidad del empleo se sitúa, año tras año, como uno de los principales condicionantes para la conformación de esas plantillas de hoteles y restaurantes, básicamente, y también de otros establecimientos de alojamiento como campings y casas rurales.

La demanda de mano de obra de esas actividades se sitúa entre las 800 y las 900 personas en la campaña estival de la demarcación de Lleida, de 9.736 en mayo a 10.503 en agosto el año pasado, de 9.414 a 10.317 en el mismo periodo de 2024 y de 9.111 a 10.079 en el de 2023, según los datos de afiliación media de la Seguridad Social.

Esas cifras revelan otra constante, que es el crecimiento del empleo estable en el sector en más de 2.000 puestos, de los 7.640 del valle de mayo de 2015 a los 9.736 del año pasado o los 9.987 de este. Eso sitúa la ocupación media mensual de la hostelería leridana en 10.300 asalariados, con picos de más de 11.400 durante la campaña invernal, que es el tramo de mayor actividad del año.

“La temporalidad es importante, y también el aumento del número de locales, que hace que se necesite más gente”, anota Castellarnau. A eso se le unen otros factores como el crecimiento del empleo (y los salarios) y su estabilización a escala estatal tras la pandemia, que reduce la bolsa de trabajadores que optan por las ocupaciones de campaña.

“Se está incrementando la contratación, pero con una temporalidad increíble”, señala Esther Sanahuja, responsable del sector de la Hostelería en UGT Catalunya. “Es lo mismo de cada año —añade-. Las empresas se quejan de que no hay personal para contratar, pero lo que ocurre es que la gente no puede aceptar condiciones tan precarias”.

Ambos, Castellarnau y Sanahuja, coinciden en señalar la dificultad de acceso a la vivienda como un factor clave a la hora de casar oferta y demanda de empleo en el sector turístico. Alquilar un piso ha pasado de costar una media de 475,91 €/mes a otra de 556,25 en el Pirineo en cuatro años, desde los últimos colatazos de la pandemia a finales de 2021, y de 425,24 €/mes a 511,40 en el llano de Lleida en el mismo periodo, según los datos de la Generalitat. 

Por municipios, la renta mensual llega a 787 €/mes en Vielha, a 1.081 en Naut Aran y a 569 en La Seu d’Urgell, cifras que resultan difícilmente compatibles con un salario ajustado y a las que se suma la escasez de la oferta. “Hay zonas, tanto en la costa como en la montaña, donde la gente está viviendo en caravanas e incluso en situaciones peores”, anota Sanahuja, quien señala a los excesos de jornada sin remunerar, con “sueldos de 1.400 o 1.500 € brutos al mes”, y a la ausencia de vivienda en los acuerdos de empleo como los principales factores desincentivadores para buscar trabajo en la campaña turística. “Las empresas se quejan de que no hay personal para contratar, pero lo que ocurre es que al final las condiciones son precarias. 

El alojamiento es algo que hemos de incluir en próximos convenios”, apunta. El actual vence en diciembre de 2028. “Es un problema global, no solo se da aquí, y afecta a más sectores”, señala Castellarnau, quien señala que buena parte de los hoteles y otros negocios de alojamiento llevan ya varias campañas destinando una parte de sus habitaciones a alojar a los trabajadores. “Pero no todo el mundo, como por ejemplo los bares y los restaurantes, tienen sitio para alojar -añade-. Y están sufriendo más”. Castellarnau llama la atención sobre un factor, relacionado con el abandono sin relevo generacional de los oficios, que acaba afectando al sector. “Hemos de tener gente en plantilla que sepa un mínimo de mantenimiento o contar con empresas contratadas para que se ocupen. Y eso tiene un coste”, explica. Hay más, como la necesidad de climatización de los últimos años en el Pirineo, entre otros. Y, al mismo tiempo, existen contraindicaciones: “A veces haces inversiones potentes, pero no puedes repercurtirlas en el precio porque puedes perder al ciente. Y hemos de invertir para atraerlos”, anota.

UGT detecta camareros bajo el convenio de panadería

UGT ha detectado cómo negocios de hostelería de Lleida aplican a sus trabajadores el convenio de panadería, en el que los salarios registrados en tablas son inferiores a los de los establecimientos de despacho de comidas y bebidas y en el que los empleados tienen menos días de vacaciones. Esa situación se da tanto en bares y restaurantes como en las llamadas cafeterías de degustación, explicó Esther Sanahuja, responsable del sector de Hostelería de UGT. “Esto ya ocurrió hace unos años en Lleida. Hemos presentado denuncias en Barcelona, donde también ocurre, y esperamos a ver cómo se resuelven para proceder aquí”, anotó.
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