Vivir la resiliencia invernal del Arborètum de Lleida: de las secuoyas a los cipreses de los pantanos
El Pino de Wollemi, considerado un fósil viviente; las secuoyas, que en California (EE. UU.) pueden superar los cien metros de altura; o el ciprés de los pantanos son parte de los centenares de especies arbóreas y arbustivas de todo el mundo que se concentran en... el Arborètum-Jardí Botànic de Lleida, representando cuatro de los biomas terrestres más grandes del planeta en poco menos de siete hectáreas. La visita en época invernal permite contemplar la resiliencia de sus singulares inquilinos ante el frío y la niebla de nuestra tierra.

Resiliència d'hivern: arborètum Lleida
La visita estos días al Arborètum Pius Font i Quer permite descubrir un hecho singular: cómo lucen, viven, se adaptan o resisten especies de diversas partes del mundo al invierno de nuestras comarcas. “En seis hectáreas se puede visitar una gran parte de la vegetación del planeta, alrededor de unas 800 especies arbóreas y arbustivas, sin salir de Lleida”, afirma Alejandro Juárez, director científico del centro. “Aquí se reúnen cuatro de los biomas mundiales más grandes, y el visitante puede adentrarse, por ejemplo, en bosques asiáticos, del Mediterráneo y norteamericanos, como los de secuoyas de California y los de cipreses de los pantanos del Misisipi; o en la Taiga de la Siberia Oriental (Rusia)”, precisa.
Meses antes de que estalle el color con la floración, el Arborètum evoca actualmente una imagen de resiliencia, especialmente por las especies que ya desde el acceso a las instalaciones se pueden ver protegidas del frío. También por los contrastos que generan los árboles que se encuentran totalmente desnudos tras mudar su follaje y los que aún presumen de color, gracias al verde de las hojas que pueblan sus ramas o al rojo de sus frutos.

Resiliència d'hivern: arborètum Lleida
El panorama queda envuelto por la niebla característica de Ponent, que es el elemento diferencial que dota al espacio de una singularidad especial y de un ambiente misterioso. La presencia de este fenómeno climatológico ayuda a centrar la mirada en el inicio del camino que, si se empieza a mano izquierda, lleva primero hasta la rocalla de plantas macaronésicas, donde se ubica flora característica de archipiélagos como las Canarias.
En esta zona, muchas plantas se refugian de las bajas temperaturas bajo plásticos, evidenciando que el clima de Lleida no es apto para todos. Justo a continuación, aparece la zona de bosques aciculifolios boreales, característicos de las regiones frías del hemisferio norte. Sus claros representantes son las coníferas, árboles de hojas estrechas y endurecidas en forma de agujas que ayudan a soportar el frío, como los abetos o algunos pinos (negro o silvestre). Es un buen momento para estos ejemplares, ya que en verano son los que más sufren el intenso calor leridano.

Resiliència d'hivern: arborètum Lleida
Poco después, el recorrido principal conduce hasta la representación del bioma de selvas templadas. En el Arborètum se pueden ver representantes espectaculares: las secuoyas. En Lleida, de momento, superan los 10 metros de altura. Cerca de ellas se encuentran los cipreses de los pantanos, que llaman la atención por sus singulares raíces verticales que afloran de la tierra huyendo del agua.
Rodeando un pequeño estanque hacia la parte este, se observa el bambú, seguido de los espacios que acogen los bosques caducifolios (aquellos que viven bajo condiciones de estacionalidad marcada). Aquí se puede encontrar un bosque mesofítico asiático, un robledal de América del Norte, el bosque de ribera, el hayedo medioeuropeo —con tonos marrones y dorados— y el robledal submediterráneo.

Resiliència d'hivern: arborètum Lleida
Serpenteando se llega a la parte más oriental, donde se ubican los bosques mediterráneos: alcornocal, encinar, pinar, lauredal, bosques de Chile y una zona de pequeñas colinas donde “estamos reconstruyendo la flora de la llanura de Lleida y zonas esteparias del valle del Ebro, siendo uno de los pocos o el único jardín botánico que tiene una representación de este tipo”, valora Juárez.
Finalmente, en la parte sureste se encuentra la rocalla de plantas de desiertos cálidos de América del Norte, con ejemplares de chumbera o pita. Completando el círculo, al regresar a la entrada, se halla el Espacio Bonsái, uno de los pocos de Cataluña.

Resiliència d'hivern: arborètum Lleida
Plantas migrantes
Más allá de las especies permanentes, hasta junio se puede visitar la exposición Plantas migrantes, de la artista Vicky Benítez. La muestra reúne pinturas sobre papel hecho con fibras de plantas alóctonas (como la caña común o la chumbera) que forman parte del Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. La obra invita a reflexionar sobre el impacto de estas especies y cómo la noción de "invasora" refleja a veces miedos culturales a la mezcla o la defensa del territorio.
Conservar y experimentar
El Arborètum tiene cuatro objetivos: investigación, divulgación, educación y conservación. Para este último, dispone de un banco de semillas con más de 1.280 especies. “Como curiosidad, hay semillas de los jardines botánicos de Hiroshima, Ucrania o Estados Unidos”, explica Juárez. Recientemente, el centro ha accedido a la Red Nacional de Bancos de Semillas Forestal y Silvestre del Ministerio.
Juárez advierte que el cambio climático obligará a ser muy cuidadosos con el riego e incluso a sustituir paisajes en el futuro. Por ello, el jardín es un espacio clave de experimentación para observar la adaptación de las especies al nuevo entorno ambiental y urbano.
Museo vivo
Juárez sostiene que el Arborètum es “un museo donde las obras de arte están vivas”. No es solo un parque; es una infraestructura científica de referencia. En 2025 recibió 10.382 visitas (un 10,5% más que el año anterior), consolidándose a menudo como la segunda atracción turística más concurrida de la capital del Segrià. Además, cerca de 800 alumnos universitarios realizan allí su formación práctica.
Cabe recordar que el recinto lleva el nombre del ilustre científico leridano Dr. Pius Font i Quer (1888-1964), en reconocimiento a su labor investigadora y divulgativa en el campo de la botánica.