Bares y restaurantes a media luz
Los que disponen de cocina de gas y brasa pudieron mantener la actividad, aunque cocinaron alumbrados con linternas o móviles. Otros tuvieron que dejar de ofrecer servicio y cerrar

En el restaurante L’Indret cocinaron alumbrados con la linterna del móvil - G.F.
Bares, cafeterías y restaurantes trabajaron ayer como pudieron, cada uno en función de sus posibilidades, pero todos a medio gas. “Tenemos generador y aún puedo cobrar con la máquina, pero dentro de media hora se acabará la energía”, explicó a la una del mediodía una empleada de la cafetería Papaxoc de Rambla Ferran de Lleida, en la que los pocos clientes que estaban en la barra o las mesas apuraban sus consumiciones a oscuras. “No sé qué haremos cuando se acabe la electricidad del generador”, señaló.
En cambio, el restaurante L’Indret de la calle Comerç pudo mantener las reservas que tenía de clientes para comer al tener brasa y cocina de gas, no eléctrica. No obstante, se vieron obligados a cocinar casi a oscuras, solo alumbrados con la luz de las linternas de sus móviles. “Estamos pasando mucho calor y hay humo porque no funciona el extractor, pero intentaremos seguir abiertos y dar el servicio tan bien como podamos”, indicó Imma Ortega, la propietaria. Mientras, algunos clientes se acercaron a preguntar si podrían ir a comer o debían cancelar su reserva.
Asimismo, trabajadores de otra cafetería de la misma zona estaban completamente parados y temían que si el apagón se prolongara hasta el final de la jornada no podrían bajar la persiana. Alertaron también de que los productos de los congeladores podrían echarse a perder.
En el restaurante La Aurora del Polígono El Segre de los 160 menús que sirven diariamente pasaron ayer a la mitad, según explicó su titular, Gemma Forcada. “Los clientes de cada día han seguido viniendo y a los de paso, les hemos tenido que decir que solo les podíamos cobrar en efectivo”, apuntó. En cuanto a la elaboración de los menús, aseguró que al disponer de brasa y cocina de gas se pudo trabajar, aunque los cocineros lo hicieron ataviados con linternas frontales. En el comedor se instalaron farolillos en las mesas para que los comensales pudieran comer. En cuanto al momento de cobrar, “casi todos los clientes pagaron en efectivo, los que no podían, “no nos quedaba otra que confiar en que volverán otro día a pagar, les cogíamos los datos”.
Otros establecimientos hosteleros sirvieron bocadillos y bebidas en las terrazas durante la tarde, con aparente normalidad entre la clientela.