REINO
El Brexit deja factura tras 10 años
Una década después de la ruptura con la UE, el país no se recupera de su crisis económica || Deja tras de sí seis primeros ministros en el 10 de Downing Street y, ahora, el populista Farage, clave de la ruptura en 2016, capitaliza el desencanto social

Partidarios del “Rejoin” (vuelta del Reino Unido a la UE) en una marcha celebrada ayer en Londres. - AARON CHOWN / PA WIRE / DPA
Diez años después del referéndum del Brexit el Reino Unido sufre todavía sus secuelas en el ámbito económico –además del social y el político-, reactivando la necesidad de un nuevo acercamiento hacia la Unión Europea (UE), su principal socio comercial.
El Reino Unido es actualmente la sexta economía del mundo a nivel global, con un producto interior bruto (PIB) estimado en unos 4,26 billones de dólares (3,67 billones de euros). Sin embargo, un estudio del National Bureau of Economic Research (NBER) publicado en diciembre pasado estimó que el Brexit redujo el crecimiento del PIB británico entre un 6 y un 8%. Por su parte, la deuda acumulada británica se sitúa en el 95,5% del PIB del país, sus niveles máximos desde la década de 1960.
Además, el 23 de junio de 2016, tras cerrar las urnas, la libra esterlina se situaba en 1,50 frente al dólar estadounidense y en 1,31 frente euro. Diez años después, cotiza a 1,34 y 1,15, respectivamente, una depreciación de entre el 11 y el 12%.
El Brexit ha convertido al Reino Unido en un lugar menos atractivo para invertir. Según el NBER, la inversión en el país es entre un 12% y un 18% inferior a su potencial, además de la más baja de las naciones industrializadas del G7.
La incertidumbre sobre el divorcio europeo impactó asimismo en la productividad de las empresas; mermó la innovación y empujó a las multinacionales a trasladar sus operaciones a territorio de la UE.
Según el Banco de Inglaterra, la inflación británica ha acumulado una subida total del 40,9% desde junio de 2016 hasta abril del 2026 –con un repunte anual del 3,40%-, resultado de una combinación de factores, como el impacto de la pandemia o las guerras en Ucrania y Oriente próximo, unido al Brexit como agravante estructural.
Esta persistente presión y la inestabilidad política, con episodios como el fallido minipresupuesto de la conservadora Liz Truss –la primera ministra que apenas duró 45 días en el cargo-, aumentaron el pánico fiscal y erosionaron la confianza inversora en el país.
Como consecuencia, la rentabilidad de los bonos soberanos a 30 años subió por encima del 5,8%, su máximo nivel desde 1998, y encareciendo drásticamente la financiación del Estado.
La Unión Europea es el principal socio comercial del Reino Unido y supone un 41,4% de las exportaciones totales, muy por delante de Estados Unidos, que ocupa el segundo lugar, pero el Brexit ha impuesto más trabas burocráticas, controles aduaneros y ha incrementado los costes.
La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR) estima que tanto las exportaciones como las importaciones británicas serán, a largo plazo, un 15% inferiores que si siguiera en la UE.
Aún así, su salida del bloque europeo, también le ha permitido recuperar las competencias para firmar sus propios tratados comerciales con otros mercados mundiales, como Asia-Pacífico, sin depender de Bruselas.
Aunque las previsiones sugerían que el Brexit reduciría drásticamente la inmigración hacia el Reino Unido, la realidad es que redujo el número de trabajadores procedentes de la UE, al frenar la libre circulación, pero el país atrajo más inmigración de países extracomunitarios, como la India. Tras endurecer los requisitos migratorios y limitar los visados, la migración neta en el país cayó el año pasado casi un 50%.
El Brexit deja tras de sí seis primeros ministros en el 10 de Downing Street y, ahora, Nigel Farage, artífice clave del Leave en 2016, capitaliza el desencanto social liderando la formación populista de derechas Reform UK. Farage encabeza las encuestas para las generales de 2029 con una marcada agenda antiinmigración y de recortes fiscales.
Tras años de enfriamiento, el regreso de un gobierno laborista con Keith Starmer en 2024, supuso también el “replanteamiento” de las relaciones con Bruselas, aunque mantuvo líneas rojas como la vuelta al mercado único o la libre circulación de personas.
Starmer aseguró recientemente que el Brexit ha hecho al Reino Unido “más pobre”, “más débil” en materia de seguridad y además ha disparado la inmigración; por lo que su Gobierno busca volver a poner al país “en el corazón de Europa”. Además de acuerdos bilaterales en comercio, o defensa, este “reseteo” se materializará en 2027 con el regreso del Reino Unido al programa de intercambio Erasmus+.
El Brexit se firmó en 2016 con un apoyo del 52% frente al 48%; hoy, según YouGov, el 70% de los británicos respalda un vínculo más cercano con la UE.
El Gobierno de Starmer llegó al poder hablando de lograr el crecimiento económico, pero le ha resultado muy difícil conseguirlo, y “reincorporarse a la UE es una posible palanca de crecimiento que el Estado británico podría utilizar para reactivar el crecimiento, lo que generaría ingresos fiscales”, según el profesor de Política de la Universidad de Cambridge Peter Sloman.
Pero el rumbo que tomará el Gobierno sobre este tema dependerá de si Starmer continúa al frente del Gobierno después de que el primer ministro haya visto desafiado su liderazgo en el laborismo por Streeting y por el alcalde de Mánchester, Andy Burnham.