El ejemplo de la Premier
Aprovechando el paréntesis navideño del fútbol doméstico, pusimos los ojos en la Premier británica, que esa sí que no para. Quizá para hacer bandera de que fue la inventora de ese juego en que once caballeros en pantalón corto se dedican a darle patadas a un balón. El caso es que viendo sus partidos hemos caído en la cuenta de que su fútbol y el nuestro están a años luz de distancia. Aquí, en España, los futbolistas (salvo honrosas excepciones, claro está) están programados para engañar al árbitro y provocar al rival y los aficionados (siempre y cuando jueguen como visitantes). Este fin de semana lo vimos en el Rayo-Getafe y en el Espanyol-Barça (este menos, la verdad, pero sobraron insultos, pancartas y lanzamiento de botellas vacías, eso sí, al final). En la Premier vimos el Arsenal-Aston Villa. Se jugaban el liderato (primero contra tercero). Todo fue una balsa de aceite con un detalle. Con 2-0, el árbitro se fue al VAR para ver si el tercer gol local era legal o no. Ni técnicos, ni jugadores, a diferencia de aquí, le dijeron ni mu. Ni un acercamiento, ni una protesta, nada.