El talento que puede salvar tu empresa
Hay una paradoja que recorre los departamentos de RRHH y que nadie parece querer nombrar en voz alta; mientras las organizaciones llevan años obsesionadas con atraer talento joven, digital, una generación entera de profesionales con décadas de experiencia acumulada está siendo sistemáticamente apartada del mercado laboral. Y lo están haciendo justo cuando más los necesitamos. No es nostalgia. Es aritmética.
El Foro Económico Mundial advierte de que la velocidad de transformación tecnológica está creando brechas de competencia que las empresas no consiguen cerrar solo con perfiles júnior. La pregunta, entonces, no es si el talento sénior tiene sitio en la economía del siglo XXI. La pregunta real es por qué seguimos ignorando que ya lo ocupa. Aquí es donde entra TalensIA, que trabaja precisamente en ese cruce incómodo entre lo que las organizaciones dicen que valoran experiencia, criterio, visión estratégica.
TalensIA ha construido su propuesta en torno a lo que llaman talento sénior o, con un término que ha ganado tracción en los últimos años, “silver surfers”: profesionales que han navegado crisis, reconversiones industriales, revoluciones digitales y cambios de paradigma, y con ganas de aportar. Pero TalensIA va más allá de la reivindicación: acredita el liderazgo corporativo con base científica, poniendo datos a lo que hasta ahora se dejaba en el terreno de la intuición.
Vivimos en un momento al que los analistas llaman, con cierta grandilocuencia, “era de disrupción permanente”. La inteligencia artificial generativa, la automatización de procesos, la reconfiguración de cadenas de suministro globales y la transición energética están redibujando los mapas de casi todos los sectores en paralelo y a una velocidad que no tiene precedente histórico claro. En ese contexto, la tentación es obvia: contrata a quien nació con el algoritmo bajo el brazo. Pero esa lógica tiene un fallo de base.
La disrupción no es solo tecnológica. Es también humana, organizativa, cultural. Y gestionar esa dimensión requiere algo que no se aprende en un bootcamp de 3 meses: requiere haber fallado, haber reconstruido, haber liderado equipos en la incertidumbre y haber aprendido a distinguir la tendencia de la moda. Eso, por definición, lleva tiempo.
El concepto de crisol de generaciones, equipos donde conviven perfiles de veinte y de cincuenta años trabajando desde sus fortalezas respectivas, no compitiendo desde sus miedos, es fácil de enunciar y extraordinariamente difícil de implementar. Lo hacen porque alguien, en algún momento, tomó la decisión incómoda de cuestionar por qué sus procesos de selección descartaban sistemáticamente a candidatos con más de cincuenta años antes de la primera entrevista.
TalensIA mide eso. Con su sistema PICE®, un instrumento de evaluación del liderazgo con base científica, la empresa acredita el liderazgo corporativo poniendo números a variables que solemos dejar en el terreno de lo intangible: la capacidad de integrar perspectivas divergentes, la tolerancia a la ambigüedad, el juicio bajo presión. Y lo hace sin distinción de edad, porque esas competencias no tienen fecha de caducidad.
Queda, sin embargo, la pregunta más difícil. La que ningún informe de consultoría responde del todo: ¿por qué seguimos construyendo culturas organizativas que expulsan a quien más sabe justo cuando el entorno se vuelve más complejo? ¿Es un problema de sesgos no examinados, de estructuras salariales que penalizan la experiencia o, simplemente, de una idea de “modernidad” que confunde velocidad con inteligencia?