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Esta es una película que sigue un patrón casi anárquico, descolocado y emancipado de restricciones argumentales, sin un parámetro fijo, porque Viva se mueve por impulsos que van de una cosa a otra sin un orden marcado, libremente.

Una ópera prima que camina por la cuerda floja, que se arriesga, y mucho, a pesar de correr el riesgo de caer al vacío. Su directora se desnuda y desnuda a su personaje sin medias tintas exterior e interiormente. Marca esa sensación de mostrar el temor a morir, el deseo irrefrenable hacia otro cuerpo, los cambios de actitud que ni quien los provoca entiende propiciando daños afectivos, la inseguridad emocional y el hecho de añadir una distopía en la trama –como es una persistente sequía, la falta de agua y el cambio climático–, formando un laberinto que encierra las relaciones entre Nora y su pareja, alguien que ofrece calma, junto con otra mucho más impulsiva con un joven que exuda sexo ayudando al personaje de Nora a huir del pensamiento de la muerte o de sus incertidumbres y, así, intentar ordenarse.

Nora da clases universitarias y trabaja en un laboratorio científico –tal vez aquí reconociéndose la propia Aina Clotet como la hija en la vida real del reputado investigador Bonaventura Clotet–, aportando además destellos de la relación tanto paterna como materna que se muestran como apuntes a una historia bastante caótica que revela también la situación en la que se encuentra el personaje, añadiendo su afán y aspiraciones antes y durante un viaje a San Francisco y poder lucirse en un congreso dando prueba de su resistencia.

Nora sufrió una intervención de cáncer de mama y teme el diagnóstico con referencia a su otro pecho, algo que esquiva, que elude casi de un modo surrealista cuando adivina la muerte por los pasillos de la residencia en la que está internada su abuela.

Viva

Viva es ante todo una confrontación de sentimientos y atrevimientos. Se salta las reglas y muestra inquietudes dispersas, sin una coherencia del relato, proporcionando momentos absurdos que deliberadamente Aina Clotet promueve en un guion escrito junto a Valentina Viso y que camina entre la tragedia cotidiana y el desmadre pasional, algo que sin duda llamó la atención en Cannes en la Semana de la Crítica, que le otorgó el Premio Revelación por su atrevimiento, por hacer una película libre de convencionalismos, con muchos pliegues desordenados, como una cama sin hacer, alejándose de realidades al uso para mostrar otras intimidades, otras sensaciones que den validez y sentido al propio título de la película, reconociéndose a sí misma y saberse viva.

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