Proximidad emocional
Lo de Joan Dausà en este Festival Magnífic, más que como una simple actuación de su presente agenda estival, se demostró como la consolidación de un momento artístico especialmente dulce. Una certeza que nos explica un proyecto que ha sabido crecer desde la intimidad del piano y la canción narrativa hasta un formato de gran directo, emocionalmente expansivo y cada vez más ambicioso en lo escénico. Ahora, en plena proyección en directo de su nuevo álbum, Immortals, estamos descubriendo un trabajo que representa una evolución sonora, aunque sin romper en absoluto con su identidad de todos conocida. Producciones más abiertas, mayor peso de las dinámicas de banda y una puesta en escena pensada para grandes recintos han reforzado la sensación de que Joan ha entrado en una fase de madurez artística en la que el relato personal convive con una dimensión colectiva absoluta del espectáculo. En vivo, canciones nuevas conviven con sus clásicos, generando un diálogo entre nostalgia y presente que el público, fiel o nuevo, ha asumido como parte propia de su mensaje artístico. Por lo que vivimos, su concierto se estructuró como un viaje sentimental cuidadosamente calibrado, en el que su carisma y una gran habilidad comunicativa hicieron el resto. La primera parte, más contenida, recuperó esa sensibilidad casi confesional que lo dio a conocer, con interpretaciones en las que el silencio y los arranques entusiastas del público pesaron tanto como la propia música. Pero a medida que el show fue avanzando, la banda creció en intensidad, introduciendo poco a poco el repertorio reciente mediante arreglos más épicos, coros amplios y una energía cercana al formato de gran estadio, pero sin perder la proximidad que tan bien define su propuesta. El clímax se alcanzó con los temas más reconocibles de su carrera, convertidos ya en patrimonio afectivo de una generación de oyentes, y unos cuantos covers (John Denver, Mecano, Sergio Dalma, Laura Pausini, etcétera) interpretados en solitario al piano y haciéndolos suyos. En cuanto a su momento artístico actual, no cabe duda de que se encuentra en una posición prominente dentro del panorama catalán y nacional, con impacto reciente en recintos españoles de referencia, incluyendo algunos de gran aforo de la capital y de otras ciudades punteras del estado, territorios bien dispares que ilustran la buena recepción de sus canciones recientes, reforzando su papel como uno de los nombres catalanes más sólidos y capaz de dialogar con públicos diversos sin renunciar a su identidad lingüística y estética. El de Sant Feliu de Llobregat ha construido una trayectoria basada en la continuidad emocional, la escritura cuidada y la experiencia del directo como eje angular del proyecto. En el panorama actual, emerge como un artista de catálogo propio para un público en expansión, especialmente en los festivales que ahora tanto frecuenta, donde su propuesta adquiere una nueva escala que roza lo exponencial. Esa capacidad suya para generar comunidad en torno a canciones que hablan de lo íntimo desde lo colectivo es, quizá, su mayor fortaleza.