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Les Borges Blanques se ha convertido de nuevo este fin de semana en la auténtica capital del aceite con la celebración de la 27 Fira de l’Oli Qualitat Verge Extra, escaparate de un sector que atraviesa una época complicada. La sequía ha provocado una menor producción y esto, a su vez, se ha traducido en un considerable aumento del precio que paga el consumidor por el preciado oro líquido. Sin embargo y pese a ser más que evidente este incremento, que se suma a la lista de alimentos que, por motivos varios, se han encarecido en los últimos meses, debemos tener en cuenta que otros productos son mucho más costosos y su duración es más que reducida en el tiempo. Así, muchos elaboradores comparan, y con razón, lo que vale un litro de aceite (que puede llegar o sobrepasar los 10 euros), con un café o una copa en un bar (más de 1,5 € en el primero de los casos y hasta 10 €, en el segundo) o bien con un paquete de tabaco, que ya se acerca a los seis euros. Son “caprichos”, por llamarlos de algún modo, de los que disfrutamos unos breves momentos, en el caso de las bebidas, o algo más si de cigarrillos se trata. Paralelamente, un litro de aceite, en el hogar de una familia de 3 o 4 miembros, fácilmente puede durar una semana y, lo mejor, es que a todas luces su consumo nos aporta muchos más beneficios para nuestra salud. Pero volviendo a la Fira de Les Borges Blanques, se clausuró ayer tras múltiples propuestas destinadas a promocionar el sector oleícola y la gastronomía en general. Y se cerró con un buen sabor de boca, tanto de los visitantes como de los expositores, que ya el sábado reconocían que, pese a la subida del precio, las ventas habían aumentado en el certamen puesto que sus clientes son fieles. Sin embargo, el balance definitivo de esta campaña, muy diferente a otras anteriores, tendrá que esperar aún varios meses, cuando se haya vendido la totalidad de la producción. Pero seguramente nos tendremos que acostumbrar a cosechas menores y, por tanto, precios elevados si el meteorólogo Tomàs Molina acertó en su ponencia del sábado en el certamen, con predicciones a medio plazo. Y es que, según explicó, la zona del Mediterráneo puede ver reducida la producción de aceite hasta en un 21 por ciento como consecuencia del cambio climático, añadiendo que áreas del centro de Europa, donde ahora no hay prácticamente olivos, podrán cultivarlos por el aumento de temperaturas que registrarán en los próximos años. En este sentido, Molina hizo un llamamiento a “ponerse las pilas” para actuar con el fin de hacer realidad una adaptación general de todos los sectores ante la emergencia climática que llegará más pronto que tarde. Todas las administraciones deben priorizar las iniciativas en este sentido lo antes posible porque de ello dependerá nuestro futuro y el de las próximas generaciones.

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