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La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Este es un axioma que la mayoría de nosotros hemos oído en alguna ocasión. Disponer de ella es indispensable para nuestra sociedad, como quedó comprobado el pasado 28 de abril con el apagón eléctrico que afectó toda la Península Ibérica y que hizo que durante casi un día retrocediéramos unas cuantas décadas y no pudiéramos llevar a cabo buena parte de nuestras actividades cotidianas. Además de la electricidad, hay otras energías como las generadas por el petróleo o el gas natural que son igualmente vitales. Precisamente, la jornada L’energia: on, com i quanta?, organizada por la Fundació Privada Horitzons 2050 y SEGRE dentro del ciclo Lleida 2050, abordó ayer esta cuestión en diversas mesas redondas que contaron con la participación de expertos en la materia. Se trataron aspectos como el actual modelo energético de Catalunya, la sostenibilidad, las renovables o la descarbonización de las empresas. Hay que tener en cuenta que, según los objetivos de desarrollo sostenible de Naciones Unidas, el consumo de energía es la principal causa del cambio climático al representar alrededor del 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo. Mientras, su generación a través de fuentes no contaminantes sigue siendo muy minoritaria porque, cuando hablamos de renovables, estas se concentran básicamente en la electricidad. En España, según los datos de Red Eléctrica, el pasado año la producción renovable de esta energía fue mayoritaria, con el 56,8%, alcanzando un nuevo récord histórico. Sin embargo, la electricidad supone menos de la cuarta parte del total del consumo energético en el estado, porcentaje que se mantiene estancado desde hace dos décadas e incluso ha tendido ligeramente a la baja en los últimos ejercicios. Hace años que se habla de alternativas al petróleo como el hidrógeno verde o el biogás, pero la realidad es que los avances han sido mínimos y países como Alemania han vuelto a recurrir a la quema de carbón, a pesar de ser una gran generador de CO2. Hay muchos retos e incógnitas de cara al futuro y los efectos del cambio climático constatan que cada vez hay menos tiempo para resolverlos.

Buenas expectativas turísticas

El sector turístico de Lleida espera revalidar las buenas campañas de los dos últimos veranos rebasando los 580.000 visitantes y en lo que va de año el número de visitantes supera en un 3% al de 2024, de acuerdo con los datos del Patronato de Turismo de la Diputación. Son buenas cifras que demuestran que la provincia, en especial el Pirineo, se consolidan como un destino atractivo. Es una buena base para primar la apuesta por la calidad frente a la cantidad.

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