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Los trenes volvieron ayer a circular por las líneas de Rodalies, pero lo hicieron a tono con lo sucedido durante los dos días en que el servicio ha estado suspendido, es decir, de forma caótica. Los usuarios de la línea Lleida-Cervera-Manresa pueden dar fe de ello, porque la jornada comenzó con retrasos que fueron yendo a más, hasta el punto que el convoy que debía salir a las 8.48 horas de la capital del Segrià no estuvo operativo hasta las 10.15. Y, posteriormente, Renfe acabó sustituyendo trenes por autobuses. Todo apunta a que uno de los motivos de este descontrol fue que las demoras iniciales hicieron que muchos maquinistas completaran todo su horario laboral a media mañana, lo que provocó que hubiera trenes que quedaran parados en distintas estaciones del recorrido, como Tàrrega o Calaf. Ahora bien, cuando la Generalitat, Adif, Renfe y el sindicato Semaf negociaron el jueves un acuerdo para que los maquinistas pusieran fin a su boicot a reanudar el servicio, debían prever todo lo necesario para garantizar un buen funcionamiento de las líneas una vez estuvieran listas las inspecciones adicionales de las vías que pactaron. Es una vergüenza que a estas alturas del siglo XXI haya que suspender un día la circulación ferroviaria porque el titular de la infraestructura, Adif, no esté en condiciones de garantizar su seguridad y tenga que efectuar una inspección extraordinaria. También lo es que un sindicato de maquinistas fuerce a mantener esta interrupción un segundo día porque no está de acuerdo con lo que deciden los responsables del servicio. Y la guinda de este despropósito es que cuando vuelve a ponerse en marcha lo hace de forma pésima y los usuarios son de nuevo los grandes damnificados. Rodalies lleva años bajo mínimos a causa de la falta de inversiones y de mantenimiento que se han traducido en incidencias constantes, y lo sucedido esta semana demuestra que la situación es aún peor de lo que parecía. Generalitat y ministerio de Transportes deben articular un plan de choque para revertirla. Si se ha llegado hasta aquí es, entre otras cosas, porque el Gobierno central, tanto con el PSOE como con el PP, ha priorizado la inversión en la alta velocidad ferroviaria en detrimento de las líneas tradicionales. Paradójicamente, el trágico accidente en Adamuz, con 45 muertos, y el hecho de que las primeras hipótesis apuntan como causa una rotura de la vía, así como las deficiencias localizadas a raíz de este siniestro en algunos puntos de esta nueva red, también ponen en duda de que tras el presupuesto inicial destinado a su construcción ahora se esté destinando el dinero suficiente a su mantenimiento. España tiene la segunda mayor estructura de alta velocidad del mundo, solo superada por China, pero la pregunta es si cuenta con suficientes medios para garantizar su buen funcionamiento y el de las líneas de cercanías y media distancia.

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