SEGRE

Creado:

Actualizado:

“Si un día el catalán desaparece no será porque no se haya impuesto a los castellanohablantes, sino porque los catalanohablantes dejarán de hablar su lengua. Por tanto, todos los catalanes tenemos la gran responsabilidad y obligación de salvar nuestra lengua. Ya sabemos que no se puede pedir que todo el mundo sea un héroe, pero un poco héroe, sí”. Son palabras del filólogo Antoni Maria Badia i Margarit. Doce años después de su fallecimiento, siguen vigentes y vuelven a interpelar a la sociedad catalana. El uso social del catalán retrocede en una sociedad cada vez más compleja. En las comarcas de Ponent y del Pirineo se produce una paradoja: mientras crece el interés por aprender catalán —especialmente entre personas recién llegadas—, su uso habitual disminuye incluso en territorios donde históricamente había sido hegemónico. Esta contradicción obliga a repensar el papel de la lengua como herramienta de integración e igualdad, un auténtico ascensor social. Los datos de la Encuesta de Usos Lingüísticos de la Población lo confirman. En el Pirineo, el uso exclusivo del catalán como lengua habitual ha pasado del 58,8% en 2018 al 50,5% en 2023. En Ponent, aunque sigue siendo mayoritario, el porcentaje ronda el 51%, por encima de la media catalana —43,4%—, pero con una clara tendencia descendente. Si hoy solo uno de cada dos habitantes utiliza el catalán como lengua cotidiana en zonas donde hace apenas una generación era claramente dominante, la señal de alerta es evidente. Paradójicamente, el número de personas que conocen el catalán no deja de crecer. En toda Catalunya hay unos 5,5 millones de hablantes, 267.000 más que hace cinco años, en gran parte gracias a nuevos residentes que lo aprenden como segunda o tercera lengua. En territorios como Lleida, la mayoría del alumnado de los cursos de catalán para adultos procede del extranjero. Es la clave del debate: el catalán no puede entenderse solo como patrimonio cultural o de identidad, sino también como lengua de oportunidades. En una sociedad diversa, conocer el idioma es una herramienta de integración social, de acceso al mercado laboral y de participación plena en la vida pública. El riesgo aparece cuando se instala una situación de diglosia: cuando dos lenguas conviven pero una ocupa los espacios de prestigio y comunicación dominante. En Catalunya, esa tensión se produce entre el catalán y el castellano, cuya fuerza demográfica y mediática favorece el cambio automático de lengua en muchos contextos. Por eso, el descenso del uso habitual no es solo una cuestión estadística. Es también una cuestión de equilibrio social y lingüístico. Porque una lengua no se preserva solo enseñándola: se mantiene viva cuando sirve para progresar, convivir y construir comunidad. Quizá no se pueda pedir a todo el mundo que sea un héroe, pero, como decía Badia i Margarit, un poco habrá que serlo.

Titulars del dia

* camp requerit
Subscriu-te a la newsletter de SEGRE
tracking