¿Sandía o melón? Ambas frutas hidratan y aportan pocas calorías, pero una de ellas ayuda a dormir mejor
Las dos frutas son aliadas refrescantes en verano pero con beneficios distintos para tu salud

Sandía y melón, las frutas más consumidas en verano.
La sandía y el melón son dos de las opciones preferidas para combatir las altas temperaturas y disfrutar después de las comidas. Aunque a simple vista puedan parecer similares, estas frutas poseen características nutricionales diferentes que las hacen especialmente beneficiosas según nuestras necesidades específicas.
Los expertos en nutrición señalan que tanto la sandía como el melón son excelentes opciones para mantenernos hidratados durante los meses más calurosos. Su alto contenido en agua, que alcanza el 90% en el melón y el 92% en la sandía, las convierte en aliadas perfectas para reponer líquidos. Además, ambas destacan por su bajo aporte calórico, siendo la sandía ligeramente inferior con 30 calorías por cada 100 gramos frente a las 34 calorías del melón por la misma cantidad.
A pesar de estas similitudes, cada una tiene sus propias ventajas. El melón, por ejemplo, aporta más fibra y proteína que su competidora estival, con 0,9 gramos de fibra por cada 100 gramos frente a los 0,4 gramos que ofrece la sandía. Esta diferencia puede ser significativa para quienes buscan mejorar su digestión o aumentar ligeramente su ingesta de proteínas sin sumar muchas calorías a su dieta.
Perfil nutricional y beneficios para la salud
Cuando hablamos de vitaminas, cada fruta tiene sus fortalezas. El melón destaca especialmente por su contenido en vitamina B6, hasta el punto de que una porción generosa puede cubrir las necesidades diarias de esta vitamina esencial para el metabolismo de las proteínas y la función cerebral. Por su parte, la sandía es una fuente excelente de vitamina A, fundamental para la visión, el sistema inmunológico y la salud de la piel.
Además de estas diferencias, ambas frutas comparten su riqueza en vitamina C, un potente antioxidante que ayuda a fortalecer las defensas y contribuye a la formación de colágeno. Esta vitamina también mejora la absorción del hierro de origen vegetal, lo que hace que tanto el melón como la sandía sean complementos ideales para ensaladas ricas en espinacas u otras verduras de hoja verde.
¿Cuál elegir según tus necesidades específicas?
Si sufres de insomnio o tienes dificultades para conciliar el sueño durante las noches calurosas de verano, la sandía podría ser tu mejor opción. Esta fruta contiene triptófano, un aminoácido precursor de la serotonina y la melatonina, sustancias que regulan el ciclo del sueño. Consumir sandía por la tarde o como postre después de la cena podría ayudarte a descansar mejor.
Por otro lado, si te preocupa la salud cardiovascular, el melón puede ser más beneficioso. Su elevado contenido en potasio contribuye a regular la presión arterial y favorece el buen funcionamiento del corazón. Además, su mayor aporte de fibra ayuda a controlar los niveles de colesterol en sangre, otro factor clave en la prevención de enfermedades cardiovasculares.
Los especialistas en nutrición recomiendan alternar el consumo de ambas frutas para aprovechar sus distintos beneficios. "No se trata de elegir una u otra, sino de incorporar ambas a nuestra alimentación según nuestras necesidades concretas de cada momento", explican los nutricionistas consultados.
Cómo elegir la mejor pieza en el supermercado
Para disfrutar al máximo de estas frutas, es fundamental saber seleccionarlas adecuadamente. En el caso del melón, busca piezas que resulten pesadas para su tamaño y que emitan un sonido hueco al golpearlas suavemente. El extremo opuesto al tallo debe ceder ligeramente a la presión, señal de que está en su punto óptimo de maduración.
En cuanto a la sandía, una buena pieza debe tener una mancha amarillenta en uno de sus lados, que indica que ha madurado en el suelo. El sonido al golpearla debe ser profundo, no agudo, y la piel debe ser mate en lugar de brillante. Estos indicadores nos aseguran que la fruta estará dulce y jugosa, características que buscamos en el verano de 2025.
Formas creativas de consumo más allá del postre tradicional
Aunque la forma más habitual de consumir estas frutas es como postre o tentempié, existen numerosas alternativas que pueden enriquecer nuestra experiencia gastronómica. El gazpacho de sandía, por ejemplo, se ha convertido en una opción refrescante que combina lo mejor de esta fruta con el tradicional plato español. Basta con sustituir parte del tomate por sandía para obtener una versión más dulce y refrescante.
El melón, por su parte, es un excelente compañero para el jamón serrano en el clásico entrante español, pero también puede incorporarse a ensaladas saladas con queso fresco y hierbas aromáticas. Las ensaladas que combinan melón, pepino, queso feta y menta son especialmente populares durante los meses de calor por su frescura y equilibrio de sabores.
Otra tendencia que gana adeptos este verano 2025 es la preparación de helados caseros y sorbetes a base de estas frutas. Sin necesidad de añadir azúcares, tanto el melón como la sandía proporcionan una base perfecta para postres helados naturales y saludables. Simplemente hay que congelar la fruta en trozos y procesarla después para obtener un postre refrescante con todas sus propiedades nutricionales.
¿Qué beneficios tienen las semillas de sandía y melón?
Un aspecto poco conocido de estas frutas es el valor nutricional de sus semillas. Las de sandía, que muchos descartan automáticamente, son ricas en proteínas, magnesio, zinc y ácidos grasos saludables. Pueden tostarse ligeramente y consumirse como un snack nutritivo o añadirse a ensaladas para aportar textura y nutrientes.
Las semillas de melón también son comestibles y contienen fibra y proteínas, aunque suelen retirarse por su textura. En algunos países, estas semillas se secan y tuestan para consumirse como aperitivo, siguiendo tradiciones culinarias ancestrales que aprovechan al máximo todos los recursos alimenticios disponibles.
Con la llegada del verano 2025, los expertos en nutrición recuerdan la importancia de aumentar el consumo de frutas de temporada como la sandía y el melón, no solo por sus beneficios nutricionales sino también por su menor impacto ambiental y mejor relación calidad-precio. Consumir productos de temporada supone apoyar la agricultura local y reducir la huella de carbono asociada al transporte de alimentos de larga distancia.