PATRIMONIO
Los cimientos del románico
Una excavación arqueológica ‘adelanta’ hasta el siglo X la edad de la iglesia de Sant Feliu de Barruera, en La Vall de Boí. Hallan restos de una nave original, derribada y colgada bajo tierra

Sant Feliu de Barruera en noviembre, con la excavación (a la izquierda) junto a la fachada norte. - AGÈNCIA CATALANA DEL PATRIMONI
La fecha 'oficial' del primer momento constructivo de la iglesia románica de Sant Feliu de Barruera se remonta al siglo XI. Pero seguramente el edificio es más antiguo. Al menos, el que los arqueólogos han descubierto colgado bajo tierra, justo al lado de la fachada norte del templo. El pasado noviembre verificaron los datos de una prospección previa con georradar (similar a efectuar un TAC del subsuelo), tanto en el interior de la iglesia como en sus alrededores, en una excavación que sacó a la luz los restos de una nave de la iglesia derribada. A falta de más datos para fechar con precisión este templo primitivo, desde la Agència Catalana del Patrimoni Cultural apuntan a una iglesia del siglo X, o de la primera mitad del XI.
Esta intervención arqueológica fue el paso previo a la futura restauración integral de Sant Feliu, una de las joyas del románico de La Vall de Boí, que precisamente el pasado 30 de noviembre celebró los 25 años de la declaración del conjunto de iglesias como Patrimonio Mundial de la Unesco. En este sentido, el templo de Barruera se ha quedado a la cola a la hora de beneficiarse de grandes proyectos de restauración y difusión, a la ‘sombra’ de la emblemática Sant Climent de Taüll. Hasta ahora. Desde la Generalitat señalan que “la iglesia presenta una serie de patologías (desplazamiento hacia el exterior de muros laterales, aplastamiento de la bóveda o grietas en el ábside central, muros laterales y del campanario) que obligan a una actuación para asegurar su pervivencia y uso”. Y apuntan a dos tipos de causas posibles en el origen de estas patologías: “por un lado, la intrusión de aguas superficiales o subterráneas que habría debilitado la construcción y, por otro, la disimilaridad constructiva de los cimientos, fruto de las sucesivas reconstrucciones y ampliaciones del templo, que habrían producido asentamientos diferenciales (causando fisuras, desplomes...) en determinadas partes del edificio”.
De esta forma, para evaluar el estado de los cimientos se emprendió esta intervención arqueológica. El objetivo era analizar su estado y descartar la posibilidad de que alguna de las patologías fuera debida a que la iglesia hubiera estado construida sobre alguna estructura preexistente, lo que finalmente confirmó la excavación.
Así, de los primeros datos obtenidos por el equipo arqueológico se desprende que Sant Feliu, en su primera configuración, solo poseía una única nave. En una segunda fase, posiblemente en torno a las últimas décadas del siglo XI o la primera mitad del XII, se habrían adosado otras dos naves a uno y otro lado de la iglesia primitiva.
Por otro lado, y de forma paralela a la excavación, se llevó a cabo una intervención de repaso y reparación puntual de la cubierta del templo para controlar las filtraciones de agua, que afectan especialemente a la cabecera del edificio.