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Toni Garcia, médico de Agramunt en la Antártida: “Es espectacular la cantidad de plástico y de basura que llegan hasta allí”

El médico de familia Toni Garcia dio asistencia durante dos meses a una base científica en la Antártida. Una experiencia para tomar conciencia de la lucha contra el cambio climático

El médico Toni Garcia, con el equipo que llevaba puesto para evitar hipotermias en caso de caer al agua. - T.G.

El médico Toni Garcia, con el equipo que llevaba puesto para evitar hipotermias en caso de caer al agua. - T.G.

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Cambiar la consulta del CAP por una base de la Antártida. Es la experiencia que pudo vivir Toni Garcia, médico de familia en Agramunt, que el pasado año estuvo dos meses en una base científica en las antípodas. “Buscan un perfil aventurero”, señala a SEGRE al explicar cómo fue la selección. Pero no solo eso. Es necesario tener preparación y saber trabajar en entornos hostiles. Son muchas las personas que están interesadas en ese puesto de trabajo. 

Garcia fue durante dos meses el médico responsable de la atención sanitaria de la base española Juan Carlos I en la isla de Livingston, con capacidad de hasta 53 personas. En total, qeran 15 los miembros que integraban el equipo, entre los que se incluían el jefe de la base, dos cocineras, tres mecánicos, tres electricistas, un informático, dos patrones de barca, dos meteorólogos, servicio de limpieza y él como médico. 

“El trabajo de los meteorólogos es importantísimo porque las actividades se adaptan en función del tiempo, que allí es extremo”, destaca. El resto son científicos “que van y vienen” de diferentes partes del mundo para llevar a cabo sus estudios.

Confiesa que afortunadamente no hubo ninguna atención grave. “Lo más frecuente fueron lesiones en la piel por el frío o la exposición solar o dolores musculares”, señala. En este sentido, explica que su centro de trabajo en la base era como un “mini hospital”, ya que se encuentran aislados, aunque también estaban en contacto con la base búlgara, donde hay otro médico, por si era necesaria la ayuda. 

Durante su estancia en la Antártida, también compartió su experiencia con centros educativos de Agramunt y Tàrrega. “Ha sido un reto personal y una experiencia extraordinaria. También para ser más consciente de los efectos del cambio climático y la necesidad de hacer más sensibilización”, destaca.

Formación sanitaria, ciencia y fauna salvaje de primera mano

“Como en la base no teníamos televisión, después de cenar, los científicos hacían conferencias para explicar sus estudios”, explica Garcia. Al respecto, añade que las investigaciones mostraban la aceleración de los efectos del cambio climático, algo que la población general no percibe con tanta claridad como quienes lo viven in situ. “Cuando ves imágenes de hace 50 años, te das cuenta de que los glaciales eran mucho más importantes”, apunta. Asimismo, señala que su paso por la base científica le ha permitido aumentar su red de contactos y que todavía mantiene relación con personas que conoció durante su paso por la Antártida. 

Una experiencia que también le permitió ver un paisaje espectacular y fauna de la zona como pingüinos, leones marinos, focas, ballenas u orcas, entre muchos otros. El médico leridano también daba formación sanitaria a las personas de la base para que estuvieran preparados. Garcia aprovecha para promover la sensibilización del cuidado del medio ambiente. 

“Es espectacular la cantidad de plástico y de basura que llega hasta allí, con las corrientes del mar, incluso zapatillas o botellas”, afirma, algo que es más visible en la zona donde se encuentra la base búlgara. Tras destacar la suerte de haber podido contar con esta experiencia, asegura que “estaría bien dejar que otros también puedan disfrutarlo, hay que ser generosos”.

Dos enclaves españoles para investigación científica

España cuenta con dos bases en la Antártida. La primera que se abrió fue la de Juan Carlos I, en 1988, en la isla de Livingston y está gestionada por a través de la Unidad de Tecnología Marina del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) . 

Josefina Castellví, fallecida el pasado mes de febrero, fue la oceanógrafa que lideró su creación y dirección, siendo la primera mujer en el mundo en dirigir una base científica en la Antártida. La segunda es la base Gabriel de Castilla, gestionada por el Ejército de Tierra, situada en la isla Decepción.

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