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¿Cómo se llama el árbol del kiwi? Un nombre desconocido para un producto cada vez más consumido

Aunque se ha convertido en un alimento habitual en la cesta de la compra española, pocos consumidores conocen que proviene de una enredadera leñosa originaria de China

Pranjall Kumar / Unsplash

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Lluís Serrano
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El kiwi, esa fruta verde de pulpa ácida y semillas negras que encontramos habitualmente en los supermercados españoles, proviene en realidad de una planta llamada Actinidia. A pesar de su popularidad en nuestra dieta, la mayoría de consumidores desconoce que esta fruta crece en una enredadera leñosa similar a la vid, originaria de China, y no en un árbol tradicional como podría pensarse. La variedad más común, el kiwi verde, procede específicamente de la Actinidia deliciosa, mientras que el kiwi dorado se obtiene de la Actinidia chinensis.

La introducción del kiwi en España se remonta a los años 60 del siglo pasado, cuando un empresario gallego decidió apostar por este cultivo. Desde entonces, su consumo no ha dejado de crecer hasta convertirse en un componente habitual de la dieta mediterránea. El desconocimiento sobre su planta de origen puede atribuirse, en parte, a la gran diversidad de frutas internacionales que han llegado a nuestro mercado en las últimas décadas, relegando el interés por conocer su procedencia botánica.

Propiedades nutricionales que explican su éxito

El éxito del kiwi en España no es casualidad. Esta fruta destaca por su excepcional aporte de vitamina C, con unos 93 mg por cada 100 gramos, casi duplicando el contenido de una naranja. Su riqueza en fibra y potasio la convierte en un aliado para la microbiota intestinal y el sistema inmunológico. No obstante, conviene señalar que figura entre los alérgenos alimentarios más frecuentes, pudiendo provocar desde leves reacciones hasta problemas respiratorios graves en personas sensibles.

Un cambio en la conciencia alimentaria

En el contexto actual, los consumidores españoles muestran un creciente interés por conocer el origen de los alimentos que consumen. Esta tendencia responde tanto a preocupaciones relacionadas con la salud como a cuestiones de sostenibilidad y apoyo a las economías locales. La educación alimentaria ha cobrado una relevancia sin precedentes en una sociedad globalizada donde podemos acceder a productos de cualquier rincón del planeta, haciendo más necesario que nunca comprender no solo qué comemos, sino también de dónde procede.

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