El encarecimiento del gasóleo y los fertilizantes a raíz de la guerra golpea a los agricultores: "Nos lleva a otro año de pérdidas"
Las organizaciones agrarias reclaman rebajar el IVA sobre los carburantes y aplicar la Ley de la cadena alimenticia

Fincas agrícolas en Térmens.
La guerra en Oriente Medio ha disparado de forma repentina los precios del gasóleo agrícola, la energía y los fertilizantes en una época de elevado consumo por parte del sector agrario. "Los costes son inasumibles y nos vierten a otro año de pérdidas considerables", lamenta a la agencia ACN el jefe sectorial de cereales de JARC, Vicenç Pascual. De hecho, el sector del cereal es uno de los que teme verse más afectado por la crisis, en un año en el que el agua de las lluvias mantiene algunos campos impracticables. Ante este escenario, las organizaciones agrarias reclaman medidas urgentes para proteger al campesinado, como una rebaja del IVA sobre los carburantes y una aplicación efectiva de la Ley de la cadena alimenticia para que no se los pague por debajo del coste de producción.
Desde el estallido del conflicto los precios de los fertilizantes se han encarecido un 40% y el precio del gasóleo agrícola se ha disparado más en un 30%, según denuncia a la ACN el presidente de Asaja Catalunya, a Pere Roqué.
La situación es especialmente delicada para el sector del cereal que, en plena campaña de abono, ve como la tonelada de urea –un fertilizante nitrogenado– ya ha superado los 650 euros cuando en diciembre costaba unos 450. "Estos 200 euros de más por tonelada equivalen a 1.000 kilos de grano y, si antes los números ya eran justos, ahora ya vamos directamente a pérdidas", advierte a Pascual.
La paralización de una parte de la actividad de las grandes plantas de urea de países como Catar y Irán –que concentran cerca de una cuarta parte de la producción mundial–, sumado al cierre del estrecho de Ormuz, está desencadenando una crisis de fertilizantes. "Hay una subasta a ver a quien paga más por el poco producto que hay", resume Pascual.
Se plantean no sembrar maíz
Una de las consecuencias inmediatas de esta situación es que en zonas de regadío que van más retrasadas muchos agricultores se plantean no sembrar los campos de maíz y dejarles en barbecho para evitar perder dinero. "Con la incertidumbre que hay, no te la puedes jugar", reconoce el jefe sectorial de JARC, que también pide cambios en la normativa de deyecciones para no depender tanto de terceros.
Las organizaciones agrarias también denuncian una "especulación" con el precio del gasóleo, un producto esencial para mover tractores, remolques y máquinas recolectoras durante los trabajos asociados a la producción. "No puede ser que un gasóleo que ya teníamos aquí y que nos están sirviendo ahora suba tanto para que nos repercutan el precio de un carburante a futuro", insiste Pascual.
Reclaman medidas urgentes a la administración
Unió de Pagesos, JARC y Asaja coinciden en pedir a la administración que apruebe una rebaja del IVA sobre el gasóleo profesional agrario para minimizar el impacto de la subida. Eso, en un contexto que el responsable de Fiscalidad de UP, Josep Carles Vicente, considera "muy volátil", pero que prevé que se acabará "enquistando", como pasó con el encarecimiento de la energía por la guerra en Ucrania.
Con respecto a los fertilizantes, JARC pide una suspensión del mecanismo de ajuste en frontera por carbono, el llamado CBAM, a través del cual la Unión Europea impone un arancel –de entre unos 30 y 40 euros por tonelada– a la importación de fertilizantes con el fin de igualar sus costes de CO2 con la producción europea. Asaja reclama al Estado que busque una solución negociada con los principales países productores.
Impacto en el precio del cesto de la compra
Además, las organizaciones exigen a la administración que vele por el cumplimiento de la Ley de la cadena alimenticia, que impide vender por debajo del precio de coste, pero que a menudo no es efectiva, aseguran. En este sentido, UP reclama en los observatorios de alimentos que "hagan el posible" para tener actualizados los costes de producción de los diferentes sectores agroalimentarios.
Los agricultores alertan que la crisis también se acabará trasladando al cesto de la compra. Por ejemplo, Roqué afirma que, sólo con los sobrecostes acumulados este 2026, producir un kilo de fruta ya es unos 12 o 13 céntimos más caro. Por eso, asegura, convendría que al productor le pagaran al menos 65 o 70 céntimos el kilo para garantizar la viabilidad de su negocio.