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Desalojados de Les Borges siguen en la calle y se producen intentos de okupación en el municipio y La Floresta

Unas 20 personas, entre ellas ancianas y menores, duermen en el entorno del bloque vacío de Santiago Rusiñol

David Escudero, su mujer, Rosario Jiménez, su hijo y otros desalojados junto al bloque de pisos. - AMADO FORROLLA

David Escudero, su mujer, Rosario Jiménez, su hijo y otros desalojados junto al bloque de pisos. - AMADO FORROLLA

Raúl Ramírez

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Una veintena de personas desalojadas el pasado lunes del bloque de viviendas de la calle Santiago Rusiñol de Les Borges seguían ayer en el entorno del edificio. Desde que les obligaron a marcharse, se reúnen de día alrededor de fogatas y duermen en coches o en refugios improvisados, a la entrada de un garaje o fabricados con muebles apilados. Son varias familias que se establecieron en la capital de Les Garrigues llegadas de Tarragona. Entre ellos hay ancianas, mujeres y niños. Aseguran que lo único que les retiene allí es no tener otro sitio a donde ir. En los últimos días ha habido al menos dos intentos de okupar viviendas en esta localidad y el pueblo vecino de La Floresta. Así lo corroboraron fuentes de los Mossos d'Esquadra, que indicaron que en ambos casos se evitaron las okupaciones.

“No queremos ser okupas, queremos un alquiler que podamos pagar”, asegura David Escudero, que duerme en un precario refugio junto al bloque con su familia. A unos metros de allí, Angelina Vargas se ha instalado en la entrada de un garaje con su hija y sus nietos. “Dormimos en coches”, explica. Vivían sin contrato en el bloque, pero aseguran que “luchábamos por un contrato de alquiler social”, como el que consiguieron firmar otros habitantes del edificio. “Nunca nos hemos negado a pagar”, aseguran.

Angelina Vargas, amb els seus nets a l’entrada d’un garatge. - AMADO FORROLLA

Angelina Vargas, amb els seus nets a l’entrada d’un garatge. - AMADO FORROLLA

Los servicios sociales del consell de Les Garrigues recabaron datos de habitantes del bloque antes del desalojo, como primer paso para constituir una mesa de emergencia de vivienda con el visto bueno del ayuntamiento y evaluar quiénes podían optar a realojamiento. Cinco días después de ser expulsados, los afectados aseguran que ninguna administración se ha puesto en contacto con ellos y que la única ayuda que han recibido es la de un vecino que ayer les llevó alimentos de forma altruista.

El desalojo afectó por igual a okupas, inquilinos con contratos de alquiler social y a algún propietario. Lo instó el ayuntamiento, tras declarar el inmueble inhabitable. Desde el desalojo, las entradas al edificio tienen puertas blindadas y operarios retiraban ayer objetos que los desalojados habían dejado en las viviendas. El consistorio, consciente de que personas desalojadas pernoctan en la calle, indicó que ya ha pedido a los Mossos d’Esquadra que hagan cumplir con la ordenanza que prohíbe acampar en la vía pública cuando dispongan de personal para hacerlo.

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