SEGRE

Olivos de mar y montaña: Un oleicultor pallarés cultiva a casi mil metros de altitud un jardín con 45 variedades

Árboles procedentes de zonas costeras como Toscana, Provenza o el Peloponeso y de islas como Creta o las Baleares se aclimatan al Pirineo leridano

Las 45 variedades de olivo comienzan a arraigar y crecer en una finca a 980 metros de altitud cercana al castillo de Sant Gervàs.

Las 45 variedades de olivo comienzan a arraigar y crecer en una finca a 980 metros de altitud cercana al castillo de Sant Gervàs.

Lleida

Creado:

Actualizado:

La singularidad en este caso es que hemos plantado los olivos a casi mil metros de altura, concretamente en una finca a 980, y superando con creces la altura máxima que se suelen plantar en el Pallars, donde no se suelen superar los 750 o los 800”, explica Ivan Caelles, oleicultor de Sant Martí de Barcedana (Gavet de la Conca) que hace unos años cogió el negocio familiar y que, entre otros productos, fabrica Neven The Green Beer, la primera cerveza del mundo elaborada con extracto de oliva.

Esa no es, en realidad, la única singularidad de la plantación. Salvo que no se considere peculiar que incluya plantones de hasta 45 variedades de olivo y que varias de ellas procedan de zonas costeras del Mediterráneo y a menudo crezcan a nivel del mar o poca altitud más.

Ocurre con la italiana Frontoio, autóctona de Toscana; con la griega Koroneiki, cuyo hábitat natural se extiende por la península del Peloponeso y la isla de Creta, o con la francesa Aglandiu, habitual en los campos de Provenza y de Languedoc-Roussillon. Esos árboles conviven con otros que suelen cultivarse a mayor altitud pero también en áreas costeras, como la Empeltre, bajoaragonesa y también balear; la aloreña malagueña, del valle del Guadalhorce, o la Lechín de Granada, de esa provincia, Almería y Murcia. E, igualmente, con tres de las variedades pallaresas premium como Cua de cirera, Llargueta y Negral.

La experiencia, iniciada en abril del año pasado con la plantación de los árboles autóctonos de sus zonas de residencia aportados por los participantes en el congreso que Olearum celebró en el Jussà, es otra de las que sitúan a esa comarca, y tambén al Sobirà y l’Alta Ribagorça, como núcleos informales de exploración de la adaptación de las actividades agroalimentarias al cambio climático, un fenómeno que ya provoca migraciones de la fruticultura del llano a zonas de mayor altitud.

A las anteriores se les añade otra singularidad directamente relacionada con la pluviometría: la plantación “esta hecha con la técnica keyline para aprovechar el máximo de agua de lluvia y evitar la erosión del suelo”, señala Caelles.

Ese modelo, importado de Australia, se basa en surcos abiertos con subsolador, un apero que abre canales subterráneos y permite trabajar en la superficie, que siguen las curvas de nivel del terreno y reducen la pendiente a menos del 1%. Ese trazado, en este caso diseñado con orotofotos y láser, facilita la captura del agua en el surco interior, que actúa como depósito.

“Tenemos que ver la respuesta de los árboles”, que pasan su primer invierno en el Pirineo, anota el oleicultor, que espera expectante la llegada de la primavera. En las inmediaciones está el castillo de Sant Gervàs, que domina la Vall de Barcedana desde hace mil años.

Titulars del dia

* camp requerit
Subscriu-te a la newsletter de SEGRE
tracking