La librería La Noguera cierra tras 72 años en el corazón de Balaguer
Jaume Casals pone punto final a 50 años detrás del mostrador del local, emblema del centro

Confía en poder traspasar el negocio y mantener la vida del centro histórico. - E.FARNELL
La librería La Noguera de Balaguer, uno de los comercios más emblemáticos del centro histórico de la cciudad, cierra sus puertas después de 72 años de actividad. Medio siglo de esta trayectoria ha estado bajo la gestión de Jaume Casals, su actual propietario, quien a los 81 años se jubila con la sensación de haber cumplido con una misión cultural más allá del ámbito comercial: promover la lectura. La librería se remonta a 1954, cuando el político y activista Josep Espar Ticó decidió abrirla en la calle Sant Josep para difundir la cultura catalana en pleno franquismo. Un punto de encuentro lingüístico y musical en unos tiempos en los que hablar en catalán era, más que una elección, un acto de resistencia.
Dos décadas después, Jaume Casals tomó el relevo. Trasladó el negocio a la calle Major, en el corazón del casco antiguo, y mantuvo firme su compromiso con el espíritu original. “Toda la cultura ha sido bienvenida, aunque he tenido preferencia por las obras escritas en catalán”, explica con la serenidad de quien ha dedicado toda una vida al oficio. La Noguera se consolidó como un espacio de referencia. Sus escaparates, siempre llenos de novedades, convivían con los clásicos que Casals recomendaba a quien se dejaba asesorar, como recuerda con una sonrisa: “Me ha gustado aconsejar y notar que la gente se deja aconsejar”. El cierre por jubilación llega con un sabor agridulce. “Es momento de dejarlo, pero me preocupa el futuro del comercio, especialmente aquí en el centro”. Casals observa con la progresiva desaparición de comercios en el casco antiguo de Balaguer, donde cada cierre complica el relevo. “Cuando se cierra un comercio, es muy difícil volverlo a abrir, y más si es cultural. Me gustaría ver el renacer de La Noguera y que siguiera aquí, donde tiene más personalidad”. Mantiene conversaciones para hacer un traspaso “con todas las facilidades y mejores condiciones posibles” a una persona joven de la comarca que podría continuar el proyecto. “Un comercio hay que lucharlo, y una librería es un bien cultural que no se puede perder”. “Estoy convencido de que la gente todavía quiere leer en papel. A la gente le gusta leer”, dice Casals, mientras baja la persiana de su librería por última vez, con la esperanza de que pronto alguien la vuelva a levantar.