Un ‘pollo’ monumental
Cultura activa los trámites para declarar Bien de Interés Cultural las ‘corridas de pollo’, documentadas en la Llitera hace más de 300 años y hace 150 en el Baix Cinca. Leyendas del atletismo como Mariano Haro, Pol Oriach y Eliseo Martín se han curtido en esas pruebas locales

La primera carrera pedestre datada en Peralta data de 1716, hace más de tres siglos. - J.A.ADELL/C.GARCÍA
Estas carreras, o corridas, son anteriores al propio atletismo. Y muchas son centenarias. De hecho, la mitad de las carreras centenarias de todo el mundo se celebran en Aragón”, explica José Antonio Adell, primero participante, luego animador y más tarde estudioso con Celedonio García de las corridas de pollo. Su arraigo ha hecho que la consejería de Cultura de Aragón haya activado su declaración como BIC (Bien de Interés Cultural).
La más antigua de la Llitera, de la Peralta de la Sal, está documentada en 1716. De siglo y medio antes, de 1585, data la primera de Monzón, celebrada por San Mateo en plenas Cortes de Aragón convocadas por Felipe II (acabaron en Binéfar) y con una pieza de tafetán, una espada y un sombrero como premio. La primera de San Esteban se remonta a 1840, la de Mequinensa a 1875, la de Fraga a 1876 y la de Binéfar a 1877.
Algunas se han perdido, otras se han recuperado y las hay, como las de Camporrells, Baells, Alcampell, Esplús, Ballobar, Ontiñena, Alcolea y Albalate con intermitencias. La de Binéfar volvió en 1987, la de Tamarit en 1956, la de Altorricó va a cumplir 70 años, la de Peralta pasa de los 40, la de Belver, nocturna desde su incompatibilidad con un entierro, cumplirá 50 en 2029, y en Saidí hubo dos.
La orden de Cultura las define como “una tradición lúdico-competitiva que estuvo ampliamente extendida por el territorio como elemento habitual de los festejos populares”, con un “variado abanico de carreras pedestres” de las que “las más destacadas han sido las denominadas carreras o corridas de pollos, en las que un grupo de corredores intenta conseguir un premio en especie”.
La denominación deriva del premio más habitual mientras lo permitió la normativa de bienestar animal: un lote de seis pollos, tres para el ganador, dos para el segundo y uno para el tercero, y en ocasiones una cebolla para el cuarto o el último. A veces el premio era una espada, una joya, una cuchara de plata o un cordero. Esas recompensas se fueron viendo sustituidas por dinero en metálico, “aunque en algunos lugares se mantuvo la denominación de corridas de pollos, así como algunos rituales vinculados” como la música folclórica en vivo.
Los elementos básicos de una corrida de pollo serían el escenario, urbano o por varios puntos emblemáticos del lugar como iglesias, ermitas, puentes y fuentes; las primas a grupos de corredores, que favorecen los piques, y el animador o charrín (narrador o speaker). “Es muy importante: narra la carrera, cuenta quien corre en cada grupo, anuncia las primas y anima el ambiente”, señala Adell.
Las corridas de pollos han tenido participantes selectos como Eliseo Martín, varias veces campeón de España de 3.000 metros obstáculos y bronce en el mundial de París 2003, o Pol Oriach, campeón europeo sub-20 de esa misma prueba. A Mariano Haro las estancias en Aragón en los veranos de los años 70 para ganar algo de dinero corriendo pollos llegaron a costarle la expulsión, luego revertida, de la selección estatal. “Los miembros del equipo español de cross corrían a veces con nombres falsos para evitar las sanciones”, anota.