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Una biblioteca que los habitantes de un pueblo de Lleida se regalaron a sí mismos

Es el centro cultural del municipio y presta servicio a otros. Se habilitó hace casi medio siglo con materiales y trabajo que aportaron los vecinos y ahora acoge más cien actividades al año

Maria Fernández, responsable de la biblioteca, con la alcaldesa, Carme Culleré.

Maria Fernández, responsable de la biblioteca, con la alcaldesa, Carme Culleré.

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La biblioteca Tirant lo Blanc de Belianes es un ejemplo de cómo un pueblo pequeño puede crear un espacio cultural con el alma de toda la comunidad. Nació en 1978 en las antiguas buhardillas del ayuntamiento —entonces en desuso y que antiguamente habían funcionado como escuela—, gracias al esfuerzo colectivo de los vecinos y la visión del arquitecto local Daniel Gelabert. Casi medio siglo después, sigue siendo un referente de identidad compartida. Su responsable, Maria Fernández, la define como “el centro neurálgico de la cultura” del pueblo.

Fueron los propios vecinos los que aportaron desde los materiales para las obras hasta el trabajo voluntario a jova para reformar el local. Un año después de estrenarla, fue transferida a la Generalitat. En 1991, coincidiendo con los 500 años de la primera edición de Tirant lo Blanc, el pleno municipal le dio ese nombre, que evoca la literatura catalana más universal. “Aunque somos un municipio pequeño, es un orgullo mantenerla, adaptándola a la normativa de accesibilidad sin perder su esencia única”, destaca la alcaldesa, Carme Culleré.

Ubicada en una de las plantas del edificio del ayuntamiento, atiende a usuarios de Belianes y de los pueblos vecinos. Incluye puntos de extensión en la llar de jubilats y las piscinas. El año pasado recibió a 418 usuarios, cifra muy alta teniendo en cuenta que la localidad tiene 512 habitantes, registró 2.284 visitas, contó con un fondo de 10.530 documentos y realizó 3.462 préstamos (incluyendo 587 interbibliotecarios recibidos y 360 enviados). Fernández explica que combinan actividades convencionales como los clubes de lectura -uno de adultos y otro infantil de 8 a 11 años- con innovaciones como los clubes de videojuegos para tratar cuestiones como su narrativa y estética. Incluyen formación en catalán para recién llegados y catalanoparlantes (dos grupos con voluntarios del Consorci per a la Normalització Lingüística), dos parejas lingüísticas activas, talleres sobre fraudes relacionados con las tecnologías digitales e inteligencia artificial, maletas viajeras, Bibliofamília con cuentacuentos y Bibliopiscinas, entre otras.

También colabora estrechamente con la escuela de Belianes, programando tres visitas durante el curso, una por trimestre, y están vinculadas a una dinamización según la muestra itinerante expuesta. Asimismo, cede libros a la biblioteca escolar durante todo el curso, y también a la escuela de Ciutadilla. Además, organiza visitas a la llar d’infants en fechas señadas y una conferencia a las familias para acompañarlas en el inicio de la lectura. En 2025 celebró 105 actividades con 1.092 asistentes, tejiendo una red comunitaria abierta a todos y coordinada con las diferentes asociaciones locales. Fernández asegura que “es una biblioteca muy viva”.

Garantiza el acceso universal a la cultura en un contexto rural

Fernández destaca que “es mucho más que un equipamiento cultural, es un servicio esencial y estratégico; en un contexto rural en el que la oferta cultural es limitada, garantiza el acceso universal y gratuito a la cultura, la información, la digitalización y el aprendizaje”. Añade que “es un espacio de cohesión social y convivencia intergeneracional”, y que “no es un espacio de silencio absoluto, sino en el que se crean vínculos entre la comunidad”.

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