Un mosén viajero del llano al Pirineo, que se encarga de los oficios en El Pont de Suert y Vilaller
Tras el regreso del último párroco a Cali a la espera de encontrar un relevo

Mosén Lluís Sallan, segundo por la derecha. - O.LL
Casi 330 kilómetros entre ida y vuelta al día son los que conduce mosen Lluís Sallan, vicario general de la diócesis de Lleida, para cumplir con los oficios y los actos festivos y religiosos en El Pont de Suert, Vilaller y todos sus núcleos agregados.
El pasado domingo 26 de abril presidió el Aplec de Sant Marc en la iglesia de Sant Salvador de Irgo, desde donde bendijo este pueblo y los de los alrededores. Viaja entre la capital del Segrià y la Ribagorça desde que, a finales de marzo, acabó el contrato de 5 años que el obispado tenía con el anterior párroco de El Pont de Suert, que ha vuelto a Cali, en Colombia, su lugar de origen.
“Hasta encontrar el relevo que se encargue de las labores pastorales yo subo y bajo, aunque también me ayuda un diácono y tenemos algún refuerzo de La Seu o La Vall de Boí”, explica. El Pont de Suert y Vilaller están dentro de la diócesis de Lleida, mientras que La Vall de Boí pertenece a la de Urgell.
Mosén Sallan tiene 77 años, es el segundo de la diócesis después del obispo, Daniel Palau, y está al pie del cañón. Además de la zona de la Ribagorça se encarga de la del Baix Segre y el Segrià. “Lo hago por vocación y lo seguiré haciendo mientras los fieles precisen de alguien que oficie misas y presida sus celebraciones. De hecho, la semana pasada subí y bajé cinco veces del Pirineo”, explica.
Ya ha mantenido reuniones con la alcaldesa de El Pont de Suert, Iolanda Ferran, y la de Vilaller, Maria José Erta, para buscar una solución. “Lo idóneo es que haya un rector por cada comunidad religiosa”, dice, pero esta idea topa con la actual falta de vocaciones. Mosén Sallan abre la puerta a la participación de laicos en oficios religiosos “siempre y cuando haya autorización del obispo”. “Cualquier persona bautizada puede hacerse cargo de dar catequesis, presidir la celebración de la palabra o repartir el cuerpo de Cristo una vez bendecido. Esta es una opción. Si no seguiré viajando a disposición de las necesidades de mis feligreses”, concluye.