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La estación de trenes de Lleida, a 32 grados de temperatura, mientras varias aulas educativas rondan los 35

Greenpeace denuncia que registros térmicos en seis centros educativos de Alicante, Barcelona, Madrid, Ourense y Sevilla muestran temperaturas que superan los umbrales legales laborales

L’estació de trens i diverses aules de centres de Lleida, a més de 32 graus

L’estació de trens i diverses aules de centres de Lleida, a més de 32 graus

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La estación de trenes de Lleida continuaba registrando ayer temperaturas superiores a los 30 grados, una situación que se arrastra desde hace días y que ha provocado las quejas de trabajadores y usuarios. De hecho, ayer solo funcionaban los aparatos de climatización de las entradas a la terminal y a las vías, pero no evitaban que en el interior, especialmente en los accesos a la vía 1, se registraran más de 32 grados ayer por la tarde. Trabajadores aseguraron que el lunes tuvieron que acudir ambulancias a la estación para atender dos desmayos.

Adif dijo que los sistemas de refrigeración funcionan correctamente y que se utiliza un servicio complementario para reducir el calor, pero este no estará activo hasta el lunes.

Por otra parte, varias aulas de colegios de Lleida registraron temperaturas de más de 32 grados. El instituto Mollerussa alcanzó los 34,9 ºC; el de la Mitjana de Lleida, 34,6 ºC; y el Ramon Perelló de Vilagrassa, 34,2 grados.

Greenpeace registra el calor en las aulas españolas

Greenpeace ha documentado con cámaras termográficas las elevadas temperaturas que sufren estos días los centros educativos de Alicante, Barcelona, Madrid, Ourense y Sevilla. El colectivo ecologista se ha desplazado a seis colegios e institutos para visibilizar una situación que pone en riesgo la salud de los menores y que se ha convertido en una demanda histórica de las familias y la comunidad educativa.

Las mediciones obtenidas superan los 27 ºC que establece la legislación laboral como máximo para el trabajo sedentario, mientras que en algunos espacios exteriores se han registrado temperaturas que llegan hasta los 60 ºC.

Las imágenes térmicas revelan una realidad preocupante en las aulas españolas. Los estudios científicos sitúan la temperatura óptima para el rendimiento escolar entre 22 ºC y 24 ºC en climas templados, y señalan que a partir de los 24 ºC se reduce progresivamente la capacidad de aprendizaje por cada grado centígrado de aumento hasta los 32 ºC. La paleta de colores utilizada por las cámaras, que va del azul oscuro al amarillo, muestra cómo todos los centros visitados superan ampliamente estos umbrales recomendados.

Los datos recogidos por la organización ecologista ilustran la gravedad del problema. En Sevilla, las aulas sobrepasan los 31 ºC mientras que algunas zonas del patio visitado superan los 60 ºC. En Madrid, dos colegios de la capital presentan temperaturas cercanas a los 30 ºC en el centro del aula, que aumentan hasta 5 ºC más en los pupitres situados cerca de las ventanas. En Benissa, Alicante, las zonas del patio destinadas a la práctica deportiva registran cerca de 50 ºC al mediodía. El centro visitado en Ourense muestra aulas con mínimas ya cercanas a los 27 ºC, el límite legal establecido, mientras que las zonas sin sombra del patio gallego llegan a marcar 40 ºC en algunos puntos.

Impacto sobre la salud y el rendimiento académico

"El calor excesivo no es ninguna fuente de inspiración para nadie. Provoca graves impactos en la salud, como agotamiento por calor y golpe de calor, entre otros. Además del riesgo sanitario, tiene efectos sobre la capacidad cognitiva, la concentración y la comprensión, lo que pone en jaque la calidad de la enseñanza", ha señalado Elvira Jiménez, responsable de adaptación al cambio climático de Greenpeace.

Los menores constituyen un colectivo especialmente vulnerable a la deshidratación, al agotamiento por calor y al estrés térmico. Sus mecanismos de termorregulación ante temperaturas extremas no son tan eficientes como los de las personas adultas. Por otra parte, sus patrones de comportamiento, como realizar actividades al aire libre o no hidratarse con la frecuencia adecuada, también incrementan esta vulnerabilidad. Además, pasan la mayor parte de su día en los centros escolares, tanto dentro de los edificios como en los patios, coincidiendo con las horas de más calor. La contaminación, presente en muchos entornos escolares de los centros urbanos, actúa como un factor ambiental agravante.

Demandas de pediatras y organismos internacionales

Son numerosas las voces expertas que reclaman medidas contra el calor en las aulas. Tras el episodio de temperaturas elevadas vividas en mayo, el Comité de Salud Medioambiental de la Asociación Española de Pediatría ha reclamado medidas de climatización en colegios e institutos, demanda a la que también se ha sumado UNICEF España.

"La adaptación de los edificios y patios a la realidad climática no es ningún capricho. Es una cuestión de salud pública y del derecho a una educación de calidad. Las administraciones no pueden continuar mirando hacia otro lado desatendiendo a las familias y a las voces expertas. Si estas condiciones se consideran inaceptables en un entorno laboral, ¿por qué se aceptan para niños y niñas?", ha destacado Jiménez.

El cambio climático alarga la exposición al calor

El paréntesis escolar de julio y agosto ya no es suficiente para esquivar el calor. A causa del cambio climático, las temperaturas veraniegas se han alargado cinco semanas, según la Agencia Estatal de Meteorología. Asimismo, los episodios de temperaturas elevadas y las olas de calor se han anticipado a mayo y junio, y se alargan hasta septiembre, lo que expone a la comunidad educativa a temperaturas límite durante el periodo lectivo.

Esta situación se prolonga incluso después del cierre del curso, ya que muchos colegios continúan activos durante el verano para acoger campamentos, colonias o incluso clases, como es el caso de la etapa de 0-3 años, donde las escuelas infantiles permanecen abiertas todo el mes de julio.

Reformas estructurales y falta de financiación

A pesar de la evidencia científica, así como de las voces expertas y las movilizaciones ciudadanas que reclaman medidas contra el calor en las aulas, todavía son minoría los centros donde las autoridades competentes ejecutan proyectos de adaptación tanto dentro de los edificios como en los espacios exteriores, con la falta de financiación y de liderazgo institucional como principales barreras.

Ante la insuficiencia de protocolos, urgen reformas estructurales de climatización eficiente y descarbonizada en los centros educativos para proteger a los usuarios sin agravar el cambio climático. En los espacios exteriores, la naturalización de los patios es una solución clave que no solo aporta frescura, sino beneficios físicos y cognitivos al alumnado mediante el juego en la naturaleza. Además, cuando se abren al barrio fuera del horario lectivo, las escuelas se transforman en valiosos refugios climáticos y espacios de cuidado comunitario.

Medidas propuestas por la organización ecologista

Greenpeace ha presentado un conjunto de demandas para abordar esta problemática. Entre las medidas propuestas destaca la bioclimatización y la eliminación de los combustibles fósiles en las aulas, instalando energía renovable y diseños pasivos que incluyan ventilación cruzada natural, protección solar, sistemas sostenibles de climatización e aislamiento térmico para conseguir confort térmico, mejorar la eficiencia y el ahorro energético mientras se reducen las emisiones.

La organización también reclama la naturalización de patios y entornos escolares, con mayor cobertura verde y espacios de sombra, incluyendo fachadas y azoteas, para crear no solo entornos más frescos sino que mejoren el bienestar y promuevan la biodiversidad urbana. Asimismo, propone la creación de vías escolares seguras, con itinerarios peatonales y ciclistas accesibles, protegidos y bien señalizados donde se reduzca la velocidad y se pacifique el tráfico en las calles cercanas a los colegios para eliminar el factor agravante de la contaminación.

Greenpeace pide priorizar las reformas en los centros educativos situados en barrios con temperaturas más elevadas para no incrementar desigualdades en el riesgo y la adaptación al calor. También exige una inversión adecuada y plazos de ejecución realistas para la implantación de estas medidas.

Responsabilidad de las administraciones

La organización ecologista reclama planes autonómicos ambiciosos que incluyan:

  • La regulación de las condiciones mínimas de habitabilidad.
  • Auditorías energéticas de cada centro.
  • Relación de centros donde intervenir anualmente.
  • Equipos de gestores energéticos.
  • Formación para una gestión eficiente del consumo de energía a toda la comunidad educativa.
  • Medidas de transparencia e información pública, así como garantizar la participación de toda la comunidad educativa en cada fase.

También pide guías para la adecuación y rehabilitación ambiental bioclimática, así como para el uso de energías renovables en los centros educativos. El reparto de competencias no puede ser una excusa: las comunidades autónomas tienen la mayor responsabilidad y se han de coordinar con ayuntamientos y Estado, que también pueden acelerar los trabajos en este sentido.

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