SEGRE

AGUA

Nieve para llenar varios pantanos de Lleida se evapora en 20 días por el calor

Casi 150 hm³, el doble de la capacidad del de Oliana. Las altas temperaturas avivan la sublimación del hielo antes de que llegue a licuarse

La proyección de los rayos solares sobre las gotas de vapor muestra el fenómeno de la sublimacion.

La proyección de los rayos solares sobre las gotas de vapor muestra el fenómeno de la sublimacion.

Lleida

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La evolución de la campaña nival en el Pirineo ha activado las alertas: tras registrar un récord de más de 2.000 hm3 en el mes de febrero, y en un año en el que la nieve comenzó a caer tarde, las reservas se encuentran en abril en niveles tan bajos que solo mejoran los registrados en las tres etapas de sequía que se han registrado en lo que va de siglo.

Lo que parecía un año hidrológico de abundancia lleva unas semanas virando hacia una escasez en la vertiente natural como consecuencia de las elevadas temperaturas, que en solo tres semanas han hecho que se esfume del Pirineo de Lleida nieve suficiente como para llenar los embalses de Oliana, Terradets y Baserca.

Los informes del sistema Erhin (Estimación de la Reserva Hidro Nival) que difunde la CHE (Confederación Hidrográfica del Ebro) indican que en las tres últimas semanas, del 6 al 27 de abril, las reservas de nieve de los cuatro grandes ríos leridanos, el Garona, el Segre, el Noguera Pallaresa y el Noguera Ribagorçana, han pasado de acumular el equivalente a 772,2 hm3 de agua a conservar 246,7, lo que supone una merma de 525,5.

Sin embargo, no toda esa nieve se ha licuado para convertirse en agua y circular por los ríos, a los que únicamente han llegado 376,2 hm3 en forma de aportación de sus cabeceras. El equivalente a 149,3 hm3, es decir, algo más de la cuarta parte de la nieve, se ha esfumado al pasar directamente a la atmósfera como consecuencia de un fenómeno físico que se conoce como sublimación. Consiste en el paso directo de una materia de sólido (hielo y nieve) a gas (vapor de agua) y en él tiene una influencia clave la radiación solar, elevada desde el final de las lluvias a mediados de marzo.

Las mayores mermas se dan en la cabecera del Segre, donde la nieve desaparecida sin licuarse y pasar por el sistema fluvial supera este año los 50 hm3. Le siguen en volumen el Noguera Pallaresa y el Garona, con más de 30, mientras en el Ribagorçana apenas supera los 20.

Esos 149,3 hm3 están cerca de duplicar el volumen de agua que puede almacenar el embalse de Oliana (85 hm3), en el Segre, y se acerca a las capacidades de Camarasa (162 hm3), en el Noguera Pallaresa, y de Escales (152 hm3), en el Noguera Ribagorçana.

Ese fenómeno es simultáneo a una elevada acumulación de reservas de agua en los embalses, que superan el 85% en el sistema del Segre y el Pallaresa y el 75% en el del Noguera Ribagorçana, y que garantizan que este verano no haya escasez de agua para riego ni para el abastecimiento de pueblos y ciudades. Los del primer sistema dejan pasar agua por falta de capacidad para regularla, mientras los del segundo siguen acumulando caudales, con la lámina de agua por encima de la cota del aliviadero y a 7 metros del máximo en Canelles.

Otra cosa es lo que esté por venir, ya que la evolución de la reserva nival este año apunta a que se está intensificando el cambio en algunos patrones meteorológicos.

El volumen máximo de nieve acumulado este invierno, más de 2.000 hm3 equivalentes de agua, era en febrero el mayor registro del siglo. Su acumulación comenzó dos meses después de lo habitual, registró el pico uno antes de lo normal y va caer al mínimo dos meses antes de lo usual. Eso refleja una aceleración de la temporada nival en la que más nieve de lo normal llega más tarde y desaparece antes de lo habitual. El cambio de régimen tiene efectos directos sobre las posibilidades de gestionar esos recursos.

En el tránsito de los meses de abril a mayo, las reservas son las más escuetas del siglo si se excluyen los tres periodos de sequía de 2022-2024, 2005-2007 y 2011-2012. Se hallan incluso por debajo de las de alguno de esos años.

La CHE endurece su pronóstico: menos agua y más necesidad hídrica

La CHE (Confederación Hidrográfica del Ebro) ha endurecido sus pronósticos de merma de caudales en la cuenca ante las conclusiones que van emitiendo los especialistas en meteorología. Un reciente estudio del Cedex prevé que para el horizonte del año 2050 “se incrementará al 12,5%” la “disminución de aportaciones” de los sistemas fluviales de la cuenca, un fenómeno al que se añadirá “un incremento de temperaturas y disminución de las precipitaciones que implicará unas crecientes necesidades hídricas de los cultivos”. Hasta hace poco, esa previsión se quedaba en el 5%. Paralelamente, mientras en los primeros trabajos del nuevo PHE (Plan Hidrológico del Ebro) “se cuantificó de forma preliminar en un 7% aproximadamente el incremento de las necesidades hídricas de los cultivos para 2050”, los últimos estudios disparan esa estimación a una horquilla del 13% (universidad de Castilla-La Mancha) al 16% (consultora Pigall).

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