La cocina tradicional de Guissona, en un recetario intergeneracional
Elaborado por alumnos de FEDAC y residentes de la Fundació BonÀrea dentro de un proyecto de aprendizaje y servicio. Recoge platos típicos como la ‘escudella’ o la ‘coca de recapte’

Cada alumno hizo entrega del libro a su ‘abuelo referente’. - JORDI BONILLA
Con paciencia y cariño por la cocina, alumnos de sexto de Primaria de la escuela FEDAC Guissona y residentes de la Fundación BonÀrea han tejido durante meses una relación que ha acabado tomando forma en un libro de recetas que quiere preservar la sabiduría gastronómica de las personas mayores. Connexió a foc lent es un recetario intergeneracional que se presentó el pasado lunes en el auditorio del centro geriátrico ante los niños y los abuelos, así como los maestros, las educadoras sociales y las familias.
La iniciativa, enmarcada en el proyecto de aprendizaje y servicio (APS) de la escuela, ha unido a 26 alumnos con 26 ancianos en parejas estables que han compartido encuentros semanales a lo largo de cuatro meses. Las primeras semanas sirvieron para romper el hielo, con paseos por la rambla dels Segadors para construir complicidades.
Con el vínculo ya establecido, el proyecto entró en la cocina. Los abuelos empezaron a contar recetas que forman parte de su memoria culinaria, mientras los alumnos las anotaban con cuidado, detallando ingredientes, pasos y esos pequeños trucos que a menudo no aparecen en los manuales, pero que convierten una elaboración sencilla en una obra maestra de la gastronomía popular. Entre los platos que los jóvenes pudieron descubrir estaban la escudella, los peus de porc, la perdiz o el conejo a la cazuela. El proceso se complementó con sesiones prácticas en la que ambos colectivos elaboraron juntos recetas como panellets, galletas de Navidad, coques de recapte o bizcochos, con las posteriores degustaciones compartidas.
Más allá del libro, el proyecto ha servido para preservar un patrimonio intangible y, al mismo tiempo, generar espacios de relación entre generaciones que a menudo no coinciden en el día a día. Desde la escuela destacaron el valor educativo y pedagógico de la propuesta, que ha permitido trabajar aspectos como el respeto, la empatía, la ilusión o la pasión por compartir tiempo y conocimiento con las personas mayores.