Los peligros del gas radón, presente en el Pirineo: cómo puede afectar a la salud
El Consejo de Seguridad Nuclear identifica las comarcas pirenaicas con mayor concentración de este gas radiactivo

Mapa del potencial de gas radón.
El radón constituye la segunda causa de cáncer de pulmón tras el tabaco en España, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este gas radiactivo, incoloro e inodoro, afecta especialmente a zonas del Pirineo, donde 42 municipios de Lleida se encuentran en zona de actuación prioritaria por su elevada concentración, según datos del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN).
El Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA) define el radón como "una fuente de radiación natural que puede ser nociva". Se trata de un elemento químico perteneciente al grupo de los gases nobles que "emana de los materiales del lecho rocoso, se filtra a través del suelo y se propaga en el aire". Según el Plan Nacional contra el Radón del Ministerio de Sanidad, este gas procede de la desintegración del uranio presente en las rocas de la corteza terrestre, siendo más denso que el aire y soluble en agua.
Los municipios leridanos afectados se concentran en cinco comarcas pirenaicas: Alt Urgell, Alta Ribagorça, Aran, Pallars Sobirà y Cerdanya. Además de los 42 pueblos incluidos en la Zona 2 de actuación prioritaria, otros 71 se sitúan en la Zona 1, donde la intervención resulta optativa. Ningún municipio leridano aparece en la Zona 3, libre de riesgo.
Dónde se acumula este gas radiactivo
"Al aire libre, este gas no plantea ningún inconveniente", explica la IAEA. Sin embargo, en espacios cerrados como hogares y lugares de trabajo, numerosos estudios demuestran que resulta peligroso incluso en concentraciones moderadas. Los granitos, migmatitas, algunos tipos de arcilla y materiales de construcción ricos en uranio favorecen su aparición.
El radón puede entrar a los edificios por grietas del suelo, agujeros en la construcción, ventanas, desagües o espacios que rodean cables y tuberías. Este problema se agrava en regiones templadas o frías debido a las diferencias de presión entre los edificios y el subsuelo. También puede diluirse en fuentes de agua subterránea y evaporarse durante actividades cotidianas como ducharse o lavar la ropa.
Impacto en la salud pública
La OMS señala que el radón provoca entre el 3% y el 14% de todos los cánceres de pulmón, convirtiéndose en la primera causa entre personas no fumadoras. El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) incluye este gas en la lista de sustancias cancerígenas para el ser humano, al mismo nivel que el humo de cigarrillo, el asbesto y el benceno.
El riesgo de desarrollar cáncer pulmonar depende de la concentración media a la que se haya estado expuesto en espacios cerrados y del grado de tabaquismo. Según la IAEA, "en promedio, el riesgo es 25 veces mayor para los fumadores" que para quienes no consumen tabaco.
Medidas de prevención y control
"Mantener el espacio ventilado ayuda a reducir la concentración de radón", ofrece como consejo el Organismo Internacional de Energía Atómica. Se pueden reducir las concentraciones con medidas correctivas como el aislamiento y la manipulación de la presión del aire, además de reajustar los sistemas de ventilación para mejorar la calidad del aire interior.
Muchos códigos de construcción nacionales incluyen ya normas para prevenir la acumulación en viviendas nuevas. La IAEA subraya que construir desde un inicio siguiendo esas normas suele ser más económico que aplicar medidas correctivas posteriormente y resulta mucho más rentable que otras iniciativas de salud pública.
Obligaciones en zonas de riesgo
La inclusión en la Zona 2 conlleva obligaciones específicas para municipios y empresas. Estas incluyen la medición del radón en las evaluaciones de puestos de trabajo y en los planes de prevención de riesgos laborales. También resulta obligatorio chequear la presencia del gas en viviendas actuales y aplicar medidas para atenuarla si alcanza o supera los límites establecidos. Las nuevas construcciones deben cumplir las normas del código técnico de edificación para evitar su acumulación desde el diseño inicial.