AGUA
Segre y Nogueras afrontan un desplome crítico de los caudales por el cambio climático
Los tres grandes ríos leridanos se encaminan a una merma del 7% al 16% de sus recursos con la demanda en crecimiento. La CHE actualiza su plan de sequías ante un escenario de fases de escasez frecuentes

Imagen de archivo del río Segre a su paso por Balaguer. - ESMERALDA FARNELL
“La sequía de 2022 y 2023 supuso un aprendizaje. Fue un golpe importante en el que se vio que era posible quedarse sin agua, y el gran aprendizaje fue la importancia de tener sistemas eficientes de riego”, explica Miguel Ángel García Vera, jefe de la Oficina de Planificación de la CHE (Confederación Hidrográfica del Ebro), que acaba de actualizar el Plan de Sequía de la cuenca tras un proceso de participación iniciado hace casi 40 meses.
Ese documento incluye una serie de estimaciones sobre la evolución del cambio cimático y sus previsibles impactos que sitúa a la demarcación de Lleida ante un desplome crítico de la disponibilidad de agua que va a darse de manera simultánea a un aumento de la demanda, principalmente la de los vegetales por la mayor evapotranspiración, provocada por el aumento de las temperaturas.
Esos estudios pronostican “una mayor frecuencia de sequías” con episodios de dos a cinco años de duración, un aumento de las temperaturas de 2,5º a 5,5º en lo que queda de siglo y “con olas de calor extremas mucho más frecuentes” que afectarán a “unos sistemas hídricos crecientemente vulnerables” por la confluencia de cuatro mermas: la humedad en el suelo, la recarga de los acuíferos (lloverá menos y de forma más irregular), la escorrentía supercial y los caudales circulantes.
“Las sequías de dos y cinco años de duración serán más frecuentes (menor periodo de retorno para un mismo déficit) a partir de 2040”, advierte el documento, que ofrece horquillas de reducción de la escorrentía del 7,04% al 14,12% para las cuencas del Segre y el Pallaresa y del 7,36% al 16,16% para las del Ribagorçana y el Ésera en lo que queda de siglo, con rangos del 3,06% al 8,9% y del 0,27% al 6,99%, respectivamente, en lo que queda de década y la siguiente.
“La previsión es que haya una reducción de las aportaciones” y una mayor frecuencia de los fenómens extremos como crecidas y sequías, explica García Vera, quien llama la atención sobre “la necesidad de que todos los usuarios sepan que esto puede llegar y hay que tener previsto cómo se va a aprovechar el agua en esas circunstancias. Los que no están habituados tienen que tomar conciencia”. Se refiere, en concreto, a la necesidad de disponer por parte de cada usuario de planes de contingencia. Eso evitaría escenarios como en que se da en el Canal d’Urgell, cuyo corte de agua para el riego de cereales, hortalizas y forrajes de 2023 está pendiente del criterio de los tribunales.
El catálogo de medidas propone armonizar la gestión del Segre y el Pallaresa (permite regar 25.000 ha de las 70.000 del Urgell desde el Canal Principal y el Auxiliar) desde la situación de alerta y, en emergencia, movilizar los 91 hm3 muertos por los usos hidroeléctricos del Pallaresa y garantizar una reserva para abastecimientos en Rialb.