CULTURA
Festivales de música en Lleida: un vertiginoso aumento de la facturación
El volumen de negocio se disparó en 2022 y en 2023, según los datos que ofrece la SGAE

Un concert de Vetusta Morla a Lleida.
Los festivales de música en la provincia de Lleida han experimentado un crecimiento económico espectacular en los últimos dos años, duplicando su facturación después de la crisis sanitaria. Este fenómeno refleja una tendencia global en el sector de la música en vivo, donde el modelo de festivales se ha consolidado como el principal motor económico del circuito del rock and roll actual.
El análisis del panorama musical leridano muestra síntomas idénticos a los que se observan a escala internacional: un aumento vertiginoso de los ingresos generados por los conciertos y acontecimientos musicales masivos, acompañado de una creciente concentración del público en estos formatos. Paralelamente, se ha producido un ensanchamiento alarmante de la diferencia económica entre los artistas que actúan en festivales y aquellos que mantienen el circuito tradicional de salas y clubs.
Según los datos que ofrece la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) en las últimas ediciones de su Anuario de la Música en Vivo, la facturación generada por las actuaciones musicales en Lleida se movió entre 2016 y 2021 en una horquilla de 1,2 a 1,42 millones de euros brutos (sin descontar impuestos), lo que, con la excepción de los 1,7 millones de 2019, da una media de entre 23.000 y 27.000 semanales.
Ese volumen de negocio se disparó de manera vertiginosa en 2022 y 2023, los últimos años con datos disponibles: la facturación bruta superó los 2,5 millones de euros el primero de esos ejercicios y se acercó a los tres millones en el siguiente, lo que eleva la media semanal por encima de los 57.000 €.
El aumento de recaudación se basa en el cambio de modelo, que concentra tanto las actuaciones como el público mientras tira al alza de los precios de las entradas y de los cachés de los artistas que entran en ese formato.
Un vistazo a cualquiera de las plataformas que ofrecen entradas para actuaciones permite diferenciar las tres escalas en las que se está agrupando el negocio: festivales a 90 euros, conciertos de artistas de trayectoria larga a 30 y actuaciones en salas y clubes entre los 10 y los 15.
“El indicador más evidente es el caché de los grupos, que ha subido de una manera enorme”, explica el músico Xavi Roma (Arlo, ex Rosas Rojas), quien destaca que, en paralelo, “algunos grupos y artistas, como De Pedro o Santiago Auserón, mantienen precios razonables y son asequibles”. Otros se han quintuplicado en unos años.
La fórmula del festival, que a menudo resulta ser una especie de gira coral con artistas que comprometen su exclusividad y no pueden actuar fuera del ámbito de su promotor durante un tiempo, también ha concentrado la demanda. “Lo que ocurre en realidad es que se pierde oferta. Las entradas son caras, y cuesta mucho que la gente vaya a las salas y a los clubes”, anota.
Xavi Roma señala a los precios como el principal factor alcista del conjunto del negocio, un encarecmiento que no concuerda con el aumento de los presupuestos de fiestas de los ayuntamientos, que crecen en paralelo a la inflación en el mejor de los casos. “La mayoría de los festivales son insostenibles, tienen pérdidas y solo subsisten gracias a lo público. Son una pequeña burbuja”, añade el guitarrista.
Eso ha afectado también al modelo de fiestas, en las que grupos locales y bandas de tributo han relevado a los conciertos de nivel de hace unos años. Y a la calidad del espectáculo en los masivos, donde el espectador ve al artista en una pantalla.
“O ganas mucha pasta o subsistes por amor al arte”
La organización de autónomos UPTA ha abierto un debate sobre la situación laboral de los músicos al proponerle al ministerio de Inclusión y Seguridad Social crear una cotización especial dentro del RETA (Régimen Especial de Trabajadores Autónomos) para los artistas por cuenta propia con bajos ingresos que, al mismo tiempo, les permita regularizar su situación sin depender de las empresas de facturación que operan de manera fraudulenta.
La propuesta consiste en establecer un techo de facturación de 4.000 euros anuales y vincularla a una cotización mensual de 90 euros sujeta a regularización anual. La propuesta pone sobre la mesa una de las lagunas regulatorias de la legislación social, que nunca ha acabado de integrar de manera adecuada una de las realidades del mercado laboral: los músicos, y los actores entre otros oficios, trabajan cuando actúan, algo que sí tienen claro organismos como la Inspección.
Hace unos años, tras visitar las fiestas de La Sentiu de Sió, Hacienda obligó a una orquesta, a la que impuso una multa de casi 4.000 euros, a contratar como asalariados a dos de sus músicos, hasta entonces falsos autónomos. “Es un sector con mucha precariedad. O generas mucha pasta o subsistes y resistes por amor al arte”, explica el músico Xavi Roma. “Nadie vela por los músicos ni se preocupa de que haya un pacto convenio”, añade.
La Sociedad General de Autores se lleva el 8,5% de la taquilla
La SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) es una de las principales beneficiarias de ese vertiginoso aumento de la facturación por la música en vivo, una actividad que en Lleida le reporta unos ingresos de más de 250.000 euros al aplicar una tasa general del 8,5% a la recaudación de los conciertos y actuaciones. La tarifa, no obstante, no es plana sino que se le aplican variaciones en función de la superficie del local en el caso de los bares, por ejemplo, o del número de asistentes a los eventos como bodas, bautizos y comuniones. La CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) multó el año pasado a la SGAE con 6,3 millones por una práctica de “abuso de posición dominante” en las tarifas que cobra a radios y televisiones.