INCIDENTE
Cuándo la tos y los móviles irrumpen en escena y obligan a actrices como Àngels Gonyalons a llamar la atención al público
Durante la función ‘La corona d’espines’ en La Llotja de Lleida, el ruido y las interrupciones del público alteraron el desarrollo de la obra. “Una actriz se quedó en blanco unos segundos”

La obra ‘La Corona d’espines’ fue interpretada en La Llotja el domingo pasado. - INGRID SEGURA
¿Qué ocurre cuando el público se convierte en el principal obstáculo para seguir una función? En el teatro, el silencio no es un simple gesto de cortesía, sino una condición. Sin él, la experiencia escénica pierde todo su sentido. Esto fue exactamente lo que ocurrió el pasado domingo en La Llotja de Lleida durante la representación de La corona d’espines, de Josep Maria de Sagarra. Una sucesión de toses persistentes y móviles sonando en los momentos de mayor intensidad dramática obligaron incluso a la actriz protagonista, Àngels Gonyalons, a llamar la atención al público, tal como explicaba el miércoles un lector en una carta a la directora publicada en este medio. Lejos de tratarse de un hecho puntual, la crítica cultural Rosa Peroy, quien ya fue a ver la obra semanas antes en el Teatre Nacional de Catalunya, advirtió acerca de esta problemática: “Cualquier distracción es un pequeño atentado contra el texto y contra los intérpretes”, escribía en una crítica publicada en SEGRE. Aunque no tan exagerado como ocurrió en La Llotja, Peroy se queja del “comportamiento inadmisible de buena parte del público y de la pérdida progresiva de cultura de público, agravada por el uso normalizado de los smartphones”. Desde el otro lado del escenario, los profesionales lo sufren en primera persona. El músico y profesor Jordi Armengol, miembro del Quartet Teixidor, que además dio la casualidad de que estaba presente entre el público ese día en la Llotja, califica lo ocurrido de “escandaloso”. “Sonaron ocho o nueve móviles en momentos de máxima tensión dramática. Lo rompían todo”, explica. Según Armengol, “la situación fue tan exagerada que una actriz llegó a quedarse en blanco durante unos segundos”. Esta falta de conciencia no se limita al teatro. Armengol recuerda situaciones similares en conciertos: “He visto incluso a directores parar una orquesta entera por culpa del sonido de un móvil”, afirma. El director de la compañía Zum-Zum Teatre, Ramon Molins, coincide en el diagnóstico y apunta directamente a la “impunidad con la que se utilizan los dispositivos, que perjudican al espectador que sí quiere escuchar”, concluye.
“El público ya no se toma tan en serio las normas”
El músico Jordi Armengol vivió la función en la Llotja desde una doble posición: como espectador y como profesional. “Desde el escenario llega todo, incluso lo que el espectador cree insignificante”, afirma. Para él, el cambio de actitud del público es evidente: “La gente ya no se toma tan en serio las normas y no sabe lo que supone para quien está actuando”.
“Incluso avisando, la gente sigue haciendo ruido”
Ramon Molins, actor y director de Zum-Zum Teatre, alerta de que estas conductas están tan normalizadas que, en funciones con público escolar, “son los profesores los que miran constantemente el móvil, dando un ejemplo pésimo a los alumnos”. “Incluso instando a apagar los dispositivos antes de empezar la obra, siempre suena alguno o alguien lo coge”, añade.