ENTREVISTA
Francesc Serés: «No quiero perder la esperanza en la especie humana»
Autor d''El primer any'

«No quiero perder la esperanza en la especie humana» - NIKOLAUS BRADE
En su nuevo libro, ‘El primer any’, desde ayer a la venta, Francesc Serés narra la transformación personal que ha vivido con el nacimiento de su primer hijo, en paralelo a reflexiones sobre la paternidad, la identidad, la amistad, la familia..., y también sobre la deriva actual de Europa y del mundo. Es el nuevo reto creativo del escritor de Saidí, afincado desde hace un par de años en Austria. Confiesa que “me hace mucha ilusión que la primera presentación de la obra sea en Lleida”. Será hoy jueves en la librería La Fatal (19.00 h).
Francesc Serés (Saidí, 1972) busca sorprender de nuevo a los lectores con su nuevo “reto creativo”, El primer any (Proa, en castellano en Destino), en el que el reciente nacimiento de su hijo Juli le da pie a compartir experiencias y reflexiones. Hoy presentará el libro en la librería La Fatal de Lleida, en conversación con “una gran amiga y gran lectora”, Judit Mulet.
Por cierto, ¿recuerda algo de su primer año de vida?
No, no creo que nadie pueda recordar nada de su primer año de vida. Nuestros primeros recuerdos pueden ser ‘construcciones’ o realidades que tienen que ver con la protección y seguridad que nos daban nuestros padres. Por ejemplo, cuando mi madre me llevaba sobre los hombros a casa de la abuela, o cuando mi padre me llevaba en el Dyane 6, sentado delante a su lado, él agarrando el volante con la izquierda, mientras con la derecha me sujetaba en el asiento. Eran otros tiempos.
Pero ‘El primer any’ no solo es la historia de los doce primeros meses de Juli, su hijo.
No, claro. La criatura es la excusa. En el libro hablo de la gente que se nos ha acercado en este año. Juli es el hilo conductor, pero nunca el protagonista, siempre aparece de forma tangencial. Los protagonistas son los personajes que le rodean. Gente tan variopinta como una madre italiana o un profesor alemán cuyos alumnos no tienen sueños…, historias sobre la natalidad, el futuro, los miedos, la esperanza...
En el libro se pregunta por qué tenemos hijos. ¿Lo ha descubierto?
Es una pregunta con mil respuestas posibles, pero ninguna es la ‘buena’. Y no intento ofrecer conclusiones, porque no hay. No existe una respuesta dura, rígida, sino muchas respuestas acompañadas de dudas. Recuerdo algo bonito que me dijo una comadrona: teniendo hijos intentamos multiplicar el amor.
‘La casa de foc’ en 2020, ‘La mentida més bonica’ en 2022, ‘El món interior’ en 2024. Y ahora regresa ‘puntual’ dos años después con ‘El primer any’.
Es que me gusta publicar cosas del presente o de un pasado reciente antes de que no caduquen. Por ejemplo, La mentida més bonica [sobre la frustración de muchos catalanes con el Procés] ahora ya no tendría sentido. Intento no perder la frescura de la esencia de lo que escribo. No me imagino qué podría ser El primer any dentro de 20 años.
Ha construido el libro en forma de dietario.
Sí, un dietario mensual. Arranca desde un mes antes del nacimiento de Juli, en una visita al ginecólogo, y finaliza al año siguiente, cuando fuimos a inscribirle a la guardería. El libro es un recorrido por estos meses, por cómo va creciendo y por la gente que le va rodeando, tan diversa desde el punto de vista del extranjero como lo somos nosotros para ellos.
¿Ser padre le ha ‘transformado’?
A todos nos transforman los nacimientos, también las muertes, los cambios de país o de cultura, incluso los cambios intensos de trabajo. Cada cambio te transforma, y aquí creo que ha sido de forma positiva. Tampoco tienes capacidad de pensar qué pasaría si no fueras padre.
¿Una decisión muy reflexionada?
Cuando te has pasado cincuenta años sin ser padre, no es lo mismo que a los 25, pero con mi pareja no nos lo pensamos mucho. Fue una decisión pensada pero no largamente debatida, más instintiva que otra cosa. En el libro también hablo de la gente que decide no tener hijos, como hice yo durante muchos años. Lo importante siempre es respetar todas las decisiones.
¿Cómo recuerda el momento del nacimiento?
Fue muy especial. Tuvimos a nuestro hijo en Austria, solos, con nuestras familias a 2.000 kilómetros de distancia. Hacía poco que habíamos llegado a Graz, donde vivimos desde hace dos años. Nueva ciudad, nueva lengua, el alemán… En la guardería, Juli ya se educa en alemán, yo le hablo en casa en catalán y su madre, Dasha, en ruso. Estas ‘fusiones’ culturales son cada vez más frecuentes. La pareja de mi hermano, por ejemplo, es rumana. Creo que cada vez será más habitual no tener una única cultura referencial.
¿Y cómo liga sus reflexiones sobre la paternidad con el actual panorama internacional?
En un club de lectura en Saidí sobre mi anterior libro, un lector me preguntó: ¿Y ahora qué? ¿Cómo hacer frente a todo lo que pasa sin perder la esperanza? Cambio climático, guerras... En El primer any ofrezco un enfoque nuevo, pero siempre sin perder la esperanza en la especie humana, aunque antes pensábamos en el progreso, en los avances de la ciencia..., y ahora vemos que quizás ya no será suficiente. ¡Pero no es una tragedia! No podemos resignarnos ni abandonarlo todo, aunque nadie tuviera hijos. Es una actitud ética frente a la vida.