Laia Sellés, 19 años, pone el freno para cuidar su salud mental
La esquiadora de Lles, de 19 años, decide parar temporalmente de competir para cuidar su salud mental. Dice que no disfrutaba por su “autoexigencia” y no se marca plazos para regresar

Laia Sellés no se ha puesto todavía ninguna fecha para volver a la competición.
A sus 19 años, Laia Sellés ha decidido poner el freno. No por falta de nivel ni por ausencia de resultados, sino por una necesidad de cuidar su salud mental y recomponer una relación con el esquí que se había ido deteriorando con el paso de las temporadas. La joven esquiadora de montaña de Lles de Cerdanya, una de las grandes promesas de la selección española, estará un tiempo sin competir, no más de un año asegura, para reencontrarse consigo misma y volver a disfrutar del deporte que la ha llevado a lo más alto del panorama internacional.
Sellés llega a este punto después de varios años encadenando éxitos y alimentando una presión que no venía de fuera, sino de ella misma. “El problema es que a mí me gusta mucho el deporte, pero también me gusta ser autoexigente conmigo misma. No ha sido nada externo ni presión por parte de nadie”, explica a SEGRE. Esa exigencia constante acabó derivando en hábitos poco saludables apunta: “Me castigaba por no hacer bien las cosas, y eso hacía que las cosas fueran aún a peor”.
La temporada pasada resultó especialmente dura. Tras una intensa preparación en Chile y muchos meses de entrenamientos, los resultados no llegaron de inmediato. “Comencé a castigarme cada vez más y más, hasta el punto que lo que hacía era rendir menos. Llegó un momento en que estás quemada, cansada y simplemente lo que quieres es encerrarte en tu casa, en la cama y ponerte una peli”, relata.
El punto de inflexión llegó en los Mundiales, paradójicamente el escenario donde ha logrado sus mayores éxitos. “Aún no había hecho ninguna carrera y solo pensaba en volver a casa. Recuerdo acercarme a un compañero llorando y decirle que no estaba bien y que no quería competir”, describe. Ganó el relevo, pero el bloqueo seguía ahí. “Pasé a la final del esprint pero no quería correrla. Me fui al entrenador llorando para que me consolara con las palabras que él sabía decirme”. Corrió, se colgó otro oro, pero el vacío no desapareció.
“En la individual y la vertical no di el cien por cien y solo quería acabarlas para volver a casa. Llegó un momento en que lo veía más como una obligación, y lo empecé a odiar cada vez más, hasta el punto de que me daba asco pensar en el esquí, en la nieve”, afirma.
Ahí entendió que algo no funcionaba y que lo mejor era ponerle freno. “Si estoy en la mejor carrera en la que puedo estar ahora mismo y estoy así, hay algo que no va bien. Podía seguir, pero veía que mi nivel no estaba dando el cien por cien, y eso no me mola”, señala.
Acabó la temporada como pudo, haciendo incluso su debut en la Copa del Mundo absoluta, y luego se regaló un largo paréntesis. Aunque el pasado verano viajó a Chile a la concentración de pretemporada de la selección española, no esquió, simplemente convivió con amigos, y de regreso colgó los esquís.
“Aproveché para practicar otros deportes y actividades, como boxeo, kikboxing, natación, bachata…, que me han ayudado a reconectarme conmigo misma y a darme cuenta de que si hago deporte no es porque alguien me lo imponga, sino que es algo que realmente amo muchísimo”, apunta.
Parte de su proceso también ha requerido apoyo psicológico, del que destaca su importancia: “Todo el mundo tendría que ir a un psicólogo porque muchas veces crees que estás bien, pero es algo que ayuda, algo necesario”, destaca.
La noticia de su momentánea retirada ha pillado por sorpresa a muchos, pero el apoyo que ha recibido ha sido unánime. “Una cosa que me ha sorprendido es que pensaba que la gente me tomaría por loca, pero no, todo el mundo me ha apoyado”, explica. Hace ya unas semanas que ha vuelto a entrenar.
Ha regresado a Font Romeu, donde está el campo base del equipo estatal y se siente más animada, pero la competición deberá esperar todavía. “Ahora estoy mejor. Hace un mes habría dicho que aún estaba rara, pero ahora ya me encuentro más contenta. Creo que tomé la mejor decisión”, asegura Sellés, que no se impone ni fechas ni objetivos. “Cuando lo sienta de verdad será el momento de regresar. No me quiero obligar. No sé si volveré esta temporada o la siguiente, pero volveré”, aseveró.
Asegura que su gran sueño es estar en unos Juegos Olímpicos
Aunque está fuera de la competición, Laia Sellés reconoce que poco a poco va recuperando la ilusión y no esconde que su gran sueño es estar en unos Juegos de Invierno, donde el esquí de montaña será por primera vez olímpico en la cita de Milano-Cortina que arranca en febrero. “Los Juegos son un sueño y un objetivo que tengo y sé que es algo que conseguiré si me lo trabajo”, aseguró, al tiempo que negó que la presión por estar en Milano pudiera ser uno de los causantes de su situación.
“No lo fue porque sabía que estos primeros Juegos eran muy difíciles para mí; no era sénior y no tenía la capacidad psicológica para enfrentarme a ello. Lo que sí me estresó fueron las dos Copas del Mundo séniors a las que me llevaron, en Boí Taüll y Villars (Suiza), que por la ansiedad que sufría no me salieron bien”, explicó.
Seis medallas en Mundiales y tres títulos europeos de jóvenes
A pesar de su juventud, el historial deportivo de Laia Sellés es ya extenso. Su irrupción a nivel internacional llegó en la temporada 2022-2023, cuando conquistó tres medallas en el Festival Olímpico de la Juventud, todas de oro, y otras tres en los Mundiales de Boí Taüll (un oro y dos platas), todo ello en U18.
En la temporada siguiente, en la misma categoría, Laia Sellés arrasó en el Europeo de Flaine con un triplete de oros y logró el subcampeonato de la Copa del Mundo. La campaña pasada, pese a la situación que vivió, se colgó tres medallas en los Mundiales de Morgins, con un oro y dos platas, ya en la categoría U20.