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BALONCESTO

Colapso total del Hiopos Lleida: vuelve a caer en casa por séptima vez esta temporada en otro partido nefasto

El Girona llegó a dominar por 19 puntos

Krutwig, ante Sergi Martínez, fue ayer el mejor del equipo. - JAVI ENJUANES

Krutwig, ante Sergi Martínez, fue ayer el mejor del equipo. - JAVI ENJUANES

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El Barris Nord, el gran aliado del Hiopos Lleida las últimas temporadas, se ha convertido ahora en una losa demasiado pesada para un equipo que ayer volvió a demostrar sus enormes carencias. Sin dirección ni amenaza exterior, con excesiva dependencia de Batemon, ayer muy apagado, y con un desacierto alarmante y una defensa inexistente, el cuadro de Gerard Encuentra encajó la séptima derrota casera del curso ante un Girona que, al igual que el Manresa hace siete días, pasó por encima con un acierto demoledor (57% en tiros de campo por un 34% de los leridanos) para sumar un triunfo que prácticamente le asegura la permanencia. Los de burdeos, en cambio, dejaron pasar la oportunidad de recuperar el margen de cinco victorias sobre el descenso.

La presión por jugar en casa está siendo un lastre y, pese al llamamiento de Encuentra en la previa para que su equipo la transformara en positivo, sus hombres ayer se colapsaron de nuevo y se olvidaron del juego colectivo para hacer la guerra por su cuenta. Y así es muy difícil ganar en una Liga tan competitiva como la ACB, y más sin acierto y con una defensa muy pasiva y poco intensa.

El arranque de partido fue un calco del de hace siete días ante el Manresa. Buena salida, con cinco puntos seguidos de un Agada que parecía por momentos el del inicio de temporada, pero apenas duró cinco minutos. A partir de ahí, el Hiopos exhibió todas las carencias, en especial en la dirección. Encuentra presentó un cinco titular revolucionario y sin un ‘4’ puro, el mismo dibujo que opuso Moncho Fernández. 

Junto a Batemon, el único que parece tener su puesto asegurado, salieron Agada, Sanz, Jiménez y Krutwig, quizás pensando más en defender que en atacar. La jugada le salió regular, ya que el partido se mantuvo igualado hasta el ecuador del cuarto (10-10, m.5). En ese momento movió ficha y cambió a todo el quinteto, dando entrada a Walden, Ejim, Paulí, Golomán y Shurna, una jugada que no salió como esperaba, ya que el equipo empezó a decaer, tanto atrás como delante.

Cada ataque era una tortura, con una circulación de balón muy lenta y sin espacios, lo que provocaba tiros muy forzados y con el rival encima. El Girona, en cambio, movía la pelota muy rápido y siempre encontraba liberado al jugador mejor colocado, además de tener un acierto por encima del 50 por ciento. Eso tuvo una traducción rápida en el marcador, llegando la desventaja local hasta los 10 puntos (14-24, m.9), reducida a ocho al final del periodo (18-24).

En el segundo cuarto no fueron mejor las cosas. El ataque del Hiopos seguía siendo muy farragoso, sin ideas, sin el generador que tanto necesita Encuentra para ensamblar las piezas y las diferencias volvieron a dispararse. El técnico, que a los cuatro minutos ya había recibido una técnica por quejarse del arbitraje, tuvo que parar el partido a los cuatro minutos porque el Girona volvía a dominar por doce (24-36), que fueron catorce poco después (25-39) tras el segundo triple consecutivo de Needham.

Solo Krutwig, desaparecido los últimos partidos, jugaba con algo de sentido común. Sus rebotes y recuperaciones dieron aire a su equipo y evitaron que el marcador fuese aún más claro al descanso (39-49). A la vuelta de los vestuarios, el Hiopos mejoró prestaciones, al menos frenó el empuje gerundense y logró situarse a siete puntos (42-49), de nuevo gracias a Agada. Pero como en el arranque, no hubo continuidad y el Girona volvió a golpear desde los 6,75. Cuatro triple seguidos, uno de Needham, otro de Susinskas y dos de Busquets, dispararon la diferencia hasta los 15 tantos (48-63), obligando a Encuentra a pedir un tiempo muerto.

De nada sirvieron las instrucciones, ya que de regreso, parcial de 4-8 para alcanzar la máxima renta, 19 puntos (52-71). El Girona estaba matando desde la larga distancia a un Hiopos que quería pero no podía. Cerró el periodo cediendo por 16 (57-73) y comenzó el último en busca de la proeza, pero ayer también salió cruz. No lo dejó de intentar, eso sí, pero cada vez que tenía la opción de bajar de la diferencia psicológica de los diez puntos llegaba una canasta visitante o el triple lo escupía el aro. Tampoco hubo milagro esta vez y el Hiopos se va al parón de dos semanas con otro golpe duro por digerir.

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