De residuo a recurso: Lleida lidera la transición hacia un futuro sostenible
Expertos en tecnología química, bioeconomía y estrategia territorial analizan en el programa Lleida Activa de Lleida TV cómo el territorio se está convirtiendo en un laboratorio de innovación donde los residuos pasan a ser recursos valiosos y generadores de nueva actividad industrial.
El debate, con la participación de Miriam Díaz de los Bernardos, directora de la unidad de tecnología química de Eurecat y de la red H2CAT; Teresa Navarro, directora de desarrollo de negocio H2 y Solar de Indox Energy Systems y experta en cadenas de valor industrial; Iolanda Simó, responsable de desarrollo territorial de Eurecat en Lleida y especialista en ecosistemas de innovación; y Víctor Falguera, coordinador general del Hub de la Bioeconomía de Cataluña y experto en estrategia territorial, ha subrayado que la revolución sostenible real no reside en grandes anuncios globales, sino en proyectos tangibles que ya transforman el territorio. Este cambio no solo sustituye combustibles fósiles por renovables, sino que replantea completamente los ciclos productivos para integrar residuos como materias primas. La combinación de un sector agroalimentario potente, un clúster energético emergente y la apuesta por los biopolígonos ha convertido a Lleida en un ecosistema singular de innovación sostenible.
Desfosilizar, no descarbonizar: un cambio necesario
Una de las ideas más destacadas es la necesidad de redefinir el concepto de “descarbonización”. Según Miriam Díaz de los Bernardos, el reto no es eliminar el carbono, imprescindible para la industria química, sino cambiar su origen. La experta compara la industria petroquímica con un árbol: las raíces extraen petróleo y las ramas generan los miles de productos que utilizamos cada día. Eliminar el carbono equivaldría a “arrancar el árbol de cuajo”, una propuesta inviable sin desmantelar la sociedad actual. La estrategia realista es desfosilizar: sustituir el carbono fósil por carbono renovable o reciclado que no añada CO2 a la atmósfera. Biomasa y CO2 capturado se convierten así en fuentes alternativas capaces de alimentar la misma estructura industrial con un “petróleo sintético” limpio y circular. Para Iolanda Simó, es necesario trabajar en ecosistema: “Solo sumando empresas, administraciones, centros tecnológicos y agentes del territorio podemos transformar la tecnología en actividad económica y empleo. Desde Eurecat contribuimos a este liderazgo tecnológico sectorial con una visión transversal y multitecnológica, haciendo de puente entre ciencia, industria y territorio para que Lleida se consolide como referente en innovación”.
El CO2, de problema a recurso
Uno de los cambios conceptuales más profundos es considerar el CO2 no como un residuo inevitable, sino como una futura materia prima. “El CO2 es hoy nuestro enemigo, pero también una gran oportunidad para la industria del futuro”, afirma Díaz de los Bernardos. El principal reto es su estabilidad: transformar CO2 en moléculas útiles requiere mucha energía. Aquí entra en juego el hidrógeno verde, que permite convertir el CO2 en metanol o combustibles sintéticos. La escalabilidad de este proceso depende del coste y disponibilidad del hidrógeno renovable, un ámbito en el que Lleida también está avanzando.
Una fotosíntesis artificial muy “natural”
Entre los proyectos punteros destaca SunCoChem, coordinado por Eurecat, que imita la fotosíntesis natural. El reactor –una especie de “hoja artificial”– transforma agua y CO2 industrial en gas de síntesis utilizando energía solar. Este gas es una materia prima muy versátil para la industria química, y la tecnología abre la puerta a una industria basada en recursos prácticamente infinitos: luz solar, agua y CO2. A pesar de parecer ciencia ficción, la fotosíntesis artificial comienza a ser una realidad. El reto es hacerla competitiva, lo que exige colaboración entre industria, administraciones y centros tecnológicos.
El triángulo del riesgo: el obstáculo invisible
Los expertos coinciden en que la principal barrera para la transición no es tecnológica, sino estratégica. Víctor Falguera explica que existe un “triángulo del riesgo” entre tecnólogos, industria y administración: ninguno quiere ser el primero en apostar por una tecnología emergente, generando una parálisis que puede frenar soluciones ya maduras. Para Teresa Navarro, hace falta “un cambio tecnológico, pero también de chip”: proyectos colectivos que compartan riesgos y beneficios. Sin esta colaboración, muchas innovaciones podrían quedarse en el papel.
Lleida: más allá de la agricultura
A pesar de su tradicional asociación con el sector primario, Lleida está emergiendo como un polo estratégico en economía circular. La agroindustria no es solo fuente de alimentos, sino también de biomasa esencial para la nueva industria bioeconómica. Pero, tal como recuerda Falguera, hay que asegurar que “quien aporta la materia prima comparta los beneficios”. Los biopolígonos de Alcarràs y Balaguer ilustran este nuevo modelo de espacios donde los residuos de una empresa son materia prima de otra, reduciendo costes y emisiones. Tal como destaca Teresa Navarro, entre Tàrrega y Balaguer ha proliferado un clúster dedicado a la energía –biogás, biometano e hidrógeno– que aporta masa crítica y especialización. Además, el aeropuerto de Lleida-Alguaire se ha convertido en un centro de pruebas para aviación ligera con hidrógeno. Para Eurecat, esta transformación solo es posible estando al lado del tejido socioeconómico del territorio, desplegando tecnologías y asegurando que el progreso se traduzca en impacto y retorno para el propio territorio, destaca Iolanda Simó.
Economía circular: nuevo modelo productivo
La economía circular rompe con el modelo lineal de “producir, usar y tirar”. Busca mantener recursos en circulación el máximo tiempo posible. En Lleida, esto se traduce en el uso de residuos agrícolas para producir biogás, aprovechamiento del CO2 industrial como materia prima y biopolígonos que interconectan empresas mediante flujos de materiales y energía. Además de un impacto ambiental positivo, el modelo genera nuevos negocios, empleo cualificado y mayor resiliencia ante crisis en el suministro global de materias primas.
Retos para escalar las tecnologías
A pesar del potencial transformador, el escalado masivo afronta obstáculos:
- Financiación: inversiones iniciales altas y retornos lentos.
- Cadenas de valor incompletas: las tecnologías necesitan un suministro estable de biomasa, procesos industriales y mercados que absorban los productos.
- Regulación: es necesario simplificar trámites, adaptar la fiscalidad y crear estándares de calidad.
El impacto potencial en el futuro energético
Lleida puede convertirse en un proveedor clave de vectores energéticos limpios –biometano, hidrógeno verde y combustibles sintéticos– imprescindibles para descarbonizar sectores difícilmente electrificables. Además, el territorio puede actuar como caso de estudio replicable para otras comarcas, especialmente en biopolígonos, biomasa y captura y reutilización de CO2 junto con el hidrógeno. Finalmente, esta apuesta refuerza el papel de Lleida en la investigación y la innovación europeas. Muchos proyectos cuentan con financiación comunitaria y atraen talento e inversión, con un efecto multiplicador sobre la economía local.