Gimber, Elietsy y Natalia, delineante y operarias: «Lleida me gusta bastante como ciudad, es muy tranquila»

Gimber Laucho, delinenant
La empresa leridana PMP, especializada en casas prefabricadas, es una de las compañías que más ha apostado por la integración de los trabajadores inmigrantes. “Tenemos migrantes en casi todos los ámbitos. Son una parte muy importante para nosotros, sin ellos no podríamos cubrir buena parte de nuestros compromisos”, afirma su fundadora, Montse Pujol.
Gimber Laucho se marchó de Venezuela junto a su familia cuando tenía 17 años debido a la difícil situación en el país. Tras pasar seis meses en Madrid, su padre encontró trabajo en Lleida. “Así no podíamos seguir”, cuenta Gimber. Bajos ingresos, poca seguridad y universidades caras fueron algunos de los motivos por los que abandonar Venezuela, donde los trabajos estables de sus padres “no les daba”. Gimber tuvo que estudiar mientras trabajaba y finalmente terminó en PMP, donde ejerce como delineador. “Lleida me agrada bastante, es muy tranquila”, reconoce Gimber, que destaca que no tiene motivos para irse.
También llegó hace seis años desde Venezuela Elietsy Brito, operaria en la planta de PMP de Les Borges Blanques. En su país tuvo empleos de lo más variados: encargada de una distribuidora, recepcionista o niñera, hasta que tras un paso por València llegó a Les Borges, donde trabajó un año en la fruta para llegar a PMP. “Me gusta su gente y su cultura”, asegura. Sobre la actual situación en Venezuela, tanto Gimber como Elietsy celebran los acontecimientos pero mantienen prudencia respecto al futuro.
Natalia Sallorenzo, también operaria en la planta de Les Borges de PMP, llegó desde Chile hace 22 años, después de que su marido encontrara trabajo. En Chile ejerció principalmente como secretaria, y cuando llegó encontró trabajo en un supermercado en Mollerussa. Tras nueve años, se mudó a Les Borges y acabó en PMP donde realiza labores relacionadas con el cableado y el pladur. “Tengo 52 años y no creo que haya más movimiento en mi vida”, asegura Natalia, que destaca que la vida en ambos países se parece bastante.