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Cinco de los nueve centros penitenciarios del país tienen piscina

Según Justícia, ayuda a mantener el orden y es una herramienta de reinserción

Imagen de archivo de la entrada de la prisión de Brians 2.

Imagen de archivo de la entrada de la prisión de Brians 2.EUROPA PRESS

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Con las altas temperaturas del verano, las piscinas se convierten en refugios contra el calor. Hay públicas, hay que están en comunidades de vecinos, otras son privadas. Y también podemos encontrar en las prisiones catalanas.

El Departament de Justícia defiende el uso de la piscina en prisiones como una herramienta para la reinserción: "Aunque la gente pueda pensar que tomarán el sol, no es así", asegura, en una entrevista con TV3, al director general de Asuntos Penitenciarios, César Galván, que defiende este equipamiento como "un espacio de trabajo, como puede ser la biblioteca, como puede ser la escuela, como puede ser cuando hacen talleres de teatro". "Es verdad que tienen la piscina, pero no salen cuando quieren, salen dos horas a la semana", explica Alfons, técnico deportivo en Brians 2. Además, a raíz de la pandemia, sólo pueden ir con los compañeros del módulo, que es el grupo burbuja, para evitar contagios.

Alfons dirige las diferentes actividades acuáticas, como nadar, hacer ejercicios aeróbicos o jugar a waterpolo y a voleibol en el agua. Explica que "el beneficio para los presos es el que podría tener cualquier instalación deportiva", con el añadido que "mejora la cohesión social, hay una adaptación al medio acuático y también a las normas".

Pero también ayuda a mantener la orden, después, al módulo: "En comparación con esta conflictividad que se puede dar en los centros penitenciarios con este tiempo de calor y de bochorno, después de la piscina vuelven más relajados", asegura al técnico deportivo, que añade que "eso mejora la convivencia".

Un 20% de la población penitenciaria catalana utiliza las piscinas, que este año abren del 1 de junio al 15 de septiembre, y que tienen vetado el acceso a los internos que tienen adicciones de drogas. Según el Departament de Justícia, eso fomenta la abstinencia de los presos, porque remojarse se convierte en un atractivo importante para ellos.

Hacen 25 metros de largo y no tienen más de un metro y medio de profundidad, para que las puedan utilizar todos los presos. Y es que 3 de 4 internos que cumplen condena en Catalunya no saben nadar. Su coste anual asciende a 35.000 euros, contando el servicio de socorrismo.

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