La Generalitat se abre a estudiar el traslado de la cárcel fuera de Lleida
Sindicatos y trabajadores denuncian el “deplorable” estado del Centre Ponent

Imatge d’un reclús en una de les cel·les.
La Generalitat ha tomado una decisión sobre la cárcel de Lleida: estudiar su traslado fuera de la trama urbana. Durante años ha dudado entre reformarla o hacerla nueva hasta que ha tomado esta decisión. Así lo ha explicado a SEGRE el conseller de Justicia, Ramon Espadaler. El estado actual de la cárcel es insostenble, según sindicatos y trabajadores.
La Genetalitat llevaba años, desde tiempos del gobierno de Aragonés, dudando sobre si debía reformar la actual cárcel de Lleida o debía hacer una nueva. Ahora el gobierno de Illa ha tomado una decisión: estudiar su traslado fuera de la trama urbana. Así lo explicó el pasado viernes a SEGRE el conseller de Justicia y Calidad Democrática, Ramon Espadaler, en una entrevista en la que abordó otros muchos temas y que se publica en la página 12. En relación a la cárcel, Espadaler dijo que “sabemos que este centro presenta deficiencias importantes. En el plan de inversiones penitenciarias del departamento de Justicia no se contempla el traslado del Centre Ponent, pero siendo conscientes de cuál es la voluntad del ayuntamiento de Lleida y de los servidores públicos y teniendo en cuenta la dignidad de los internos y las internas, que tienen derecho a estar en unas instalaciones homologables a las de los otros centros, hemos iniciado los trabajos para estudiar el traslado de la prisión”. Eso no será algo inmediato, alertó el conseller, porque no está en el plan de inversiones, “pero el gobierno ha decidido, de hecho es una instrucción del President, estudiar el traslado” de la cárcel de Lleida. “Eso no estaba previsto”, explica Espadaler. “Nosotros hemos dado continuidad a actuaciones anteriores, pero el traslado de la cárcel de Lleida es un planteamiento ex novo”. El conseller garantizó que durante el tiempo que se tarde en esos trabajos de estudio se seguirá invirtiendo en el mantenimiento de la actual prisión.
La prisión Modelo de Barcelona cerró el 8 de junio de 2017, el día antes de cumplir 113 años de historia. Tras ello, el Centre Penitenciari Ponent pasó a ser el más antiguo de Catalunya. Cabe recordar que aúna las antiguas Lleida-1, construida en 1954 –71 años– , y Lleida-2, levantada en 1984. La primera es de construcción radial y la segunda es un edificio modular. Ambas se integraron en el año 1991. Su estado de conservación y su ubicación, en la calle Victòria Kent, en Ciutat Jardí, hizo que, desde hace años, se planteara la posibilidad de que se hiciera un reforma integral o, por el contrario, se construyera una de nueva en otro emplazamiento fuera de la trama urbana.
Imágenes que ha obtenido este periódico muestran el estado actual del centro. Sindicatos como CSIF, UGT y CCOO y empleados lo califican de “obsoleto”, “desfasado”, “insalubre”, “deplorable” y hasta “infrahumano”. Desde la conselleria aseguran que “se están ejecutando actuaciones de mantenimiento y de dignificación de espacios”. Este año la principal reforma será en la cocina con la renovación de todo el menaje e instalaciones, y también se ejecutará una nueva red de saneamiento.
Uno de los aspectos que critican empleados son las condiciones de las celdas, las galerías y los servicios con fugas de agua, humedades generalizadas, falta de mantenimiento, y ponen de ejemplo cristales o espejos rotos. También denuncian la dejadez de espacios como el consultorio médico o las duchas. Otro espacio que les preocupa es el DERT (Departamento Especial de Régimen Cerrado) para aquellos internos peligrosos o con problemas de conducta. Aseguran que no está habilitado para ello, con deficiencias en sus accesos y en el propio espacio, lo que supone una falta de seguridad para el personal y los propios internos. También ponen de ejemplo que hace tres décadas que el pabellón polideportivo está destinado a talleres del CIRE (Centre d’Iniciatives per a la Reinserció), por lo que los reclusos no disponen de ningún espacio interior adecuado para practicar deporte. Asimismo, también critican el estado de despachos y otros espacios de los empleados, en los que aseguran que han tenido que tapar agujeros en techos y paredes para evitar la presencia de cucarachas, chinches, escarabajos y hasta roedores.