EQUIPAMIENTOS
Entidades sociales piden empatía con los hubs de Balàfia y Josefines
Arrels, Càritas y Colegio de Educadores Sociales, que atribuye parte del rechazo vecinal a la desinformación. Alertan de que todos podemos ser vulnerables

El edificio de las Josefines está degradado y el patio, totalmente asilvestrado. - JORDI ECHEVARRIA
Los proyectos de hubs cívicos que la Paeria prevé en la antigua escuela Balàfia y el que fue convento de las Josefinas en la calle Academia, que incluyen alojamientos temporales para personas 'sin hogar, ha causado revuelo vecinal y, en el caso de Balàfia, protestas. Los vecinos creen que esos equipamientos contribuirán a incrementar la inseguridad en sus barrios, igual que con el albergue que el anterior gobierno municipal proyectó en Pardinyes. En cambio, entidades sociales apelan a la empatía y la solidaridad y atribuyen parte del rechazo a la falta de información.
“El desconocimiento provoca miedo, que se transforma en rechazo”, afirma Rosa Majoral, directora de Arrels. “Por eso es bueno hablarlo. Los discursos de odio, aporofobia y racismo no deben ganar a la hospitalidad y la acogida. Actúan desde los estereotipos y podrían cambiar su mirada. Les invito a acercarse, implicarse”, argumenta. Asegura que “la exclusión social va en aumento porque las desigualdades no disminuyen y lo que algunos ahora ven lejano, un día les podría pasar a ellos. Cada vez atendemos a más personas y son necesarios más recursos para sacarlas de la calle, porque esa situación acaba matando. Sea donde sea, pequeños, medianos o grandes, porque los actuales son insuficientes”, remarca.
Desde Càritas, opinan que estos proyectos “no se han comunicado correctamente a los vecinos y la poca información hace que la gente se ponga en alerta”. “Todos sabemos que han gente en riesgo exclusión, pobres, pero no los queremos al lado de casa. Y cuando hay poca información, la que no está contrastada va ganando adeptos y provoca que la gente se ponga en contra”, apuntan. Consideran que “a nivel municipal no se busca una respuesta transversal a estos problemas”. “Debería haber un pacto de ciudad, gobierne quien gobierne y en red con las entidades que estamos al lado de las personas con necesidades, porque seguirán existiendo y poner parches se ha demostrado que no sirve”.
Albert Font-Tarrès, del Colegio de Educadores Sociales, dice que a la Paeria “le ha faltado aprovechar las conexiones que ya tiene con el tejido vecinal y la ciudadanía para explicar bien los proyectos y hacerles copartícipes del diseño y la planificación” y, al mismo tiempo, ve “grave que como ciudadanía no veamos la necesidad de ser corresponsables”, por lo que insta a “no alentar discursos que generan divisiones”. “Hay una población en una situación de necesidad que requiere una respuesta de las administraciones, que tienen el deber de facilitarles la posibilidad para salir adelante. Hay que explicar bien qué es y asumir que cualquiera de nosotros se puede llegar a encontrar, por cualquier motivo, en una situación que requiera un recurso de este tipo”. Por su parte, la comisión de Derechos Humanos del Colegio de la Abogacía afirma que “el caso del hub de Balàfia nos pone ante un espejo incómodo como ciudad: queremos servicios sociales, queremos dignidad, queremos derechos humanos…pero a menudo los queremos lejos de nuestra cotidianidad”. “La solución no pasa por desacreditar al vecindario, sino por un proceso participativo real, con datos concretos y una pedagogía social valiente”, señala.
El edificio del antiguo convento, abandonado
La idea de adecuar un equipamiento para personas sin hogar en el antiguo convento de las Josefines data al menos desde 2018, cuando el entonces alcalde Àngel Ros firmó la compra del edificio a la orden religiosa y anunció que destinaría a este fin el millón procedente de la venta de la casa ‘Villa Torregrossa’ de San Sebastián, cuya propietaria, una descendiente de los Condes de Torregrossa que falleció sin hijos, dejó en herencia a la Paeria a condición que destinara a beneficiencia el dinero que obtuviera por ella.
El edificio está en mal estado (las religiosas vivieron los últimos tiempos entre puntales) y en época del alcalde Miquel Pueyo se anunció su rehabilitación, con un coste de 5,6 millones, para adecuarlo como centro de atención integral para personas sin hogar, pero el proyecto tampoco prosperó. El actual también ha provocado rechazo vecinal. En 2008, las 23 religiosas de la comunidad Hijas de San José abandonaron Lleida y el convento quedó fuera de servicio, después de más de un siglo. El inmueble data de 1900, tiene entrada por la calle Acadèmia y da también a Manuel de Palacio, y consta de un edificio de 1.725 m2 y otro de 610, según el Catastro.