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SUCESOS ANIVERSARIO

El triste recuerdo de Fago

Actualizada 16/01/2017 a las 11:49
La pequeña población del Pirineo de Huesca saltó a las primeras páginas de la prensa tras la muerte a tiros de su alcalde hace ahora diez años || Santiago Mainar fue condenado a 21 años de prisión por el asesinato de Miguel Grima, con el que mantenía fuertes disputas y varios litigios
Miguel Grima, alcalde de Fago el 2007, i el condemnat pel seu assassinat, Santiago Mainar.

Todas las imágenes y contenidos de SEGRE.com tiene derechos y no se permite su reproducción y/o copia sin autorización expresa.

© Miguel Grima, alcalde de Fago en 2007, y el condenado por su asesinato, Santiago Mainar.

Miguel Grima, alcalde de Fago el 2007, i el condemnat pel seu assassinat, Santiago Mainar.

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© Miguel Grima, alcalde de Fago en 2007, y el condenado por su asesinato, Santiago Mainar.

Miguel Grima, alcalde de Fago el 2007, i el condemnat pel seu assassinat, Santiago Mainar.

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© Miguel Grima, alcalde de Fago en 2007, y el condenado por su asesinato, Santiago Mainar.

Diez años después del asesinato del alcalde de Fago (Huesca) y del terremoto mediático que le acompañó, los vecinos de este tranquilo rincón del Pirineo aragonés aún guardan un silencio en el que resuenan los ecos de un cruel crimen que estremeció a todos.

Un homicidio que mantiene desde entonces en prisión a Santiago Mainar, quien sigue defendiendo su inocencia desde una celda del penal cántabro de El Dueso pero absolutamente desanimado ante la práctica imposibilidad de una revisión de su caso, según explica su hermana, Marisa.

Mainar sigue defendiendo su inocencia desde prisión y sin esperanza de revisión del caso

Hace diez años, a últimas horas de la tarde del 12 de enero de 2007, un disparo de postas rompió el silencio que cubría la carretera que une las aldeas de Majones y Fago y segó la vida de Miguel Grima, alcalde por el PP de esta última población desde 2003. Grima había sido víctima de una emboscada, con una gran piedra colocada en una cerrada curva que le obligó a bajar del coche y ponerse al alcance del arma de su asesino. A primeras horas de la mañana siguiente el cuerpo del alcalde fue hallado en un terraplén situado junto a la curva, y ya nada fue igual desde entonces para la veintena de vecinos de Fago, atónitos ante la presencia de decenas de periodistas y de equipos de televisión en sus calles y esquivos con las preguntas.

Pocos días después, los investigadores de la Guardia Civil comenzaron a estrechar un cerco en torno a un enemigo declarado de Grima, el guarda forestal Santiago Mainar, con el que mantenía continuos pleitos y disputas que ensombrecían hora a hora el carácter de este.Viejos amigos hasta que decidieron abandonar la ciudad y trasladarse a Fago cargados de ilusiones y de proyectos, pronto se vieron inmersos en una enconada enemistad que les llevó a encabezar candidaturas municipales distintas (Mainar por el PSOE) y que vició, además, las relaciones entre los vecinos.Unos vecinos que, además, se volvieron cada vez más huidizos y sombríos ante la prensa tras leer impactantes titulares que les convertían a todos en sospechosos.

Los recelos, la desconfianza y el temor derivaron entonces en un estricto pacto de silencio en torno al crimen y a las relaciones entre Grima y Mainar.

Tras la detención y sorprendente confesión de Mainar como presunto autor, el foco de la prensa se centró en el guarda forestal y dejó de ejercer presión sobre los vecinos, que poco más de un mes después elegían como alcalde a quien había sido teniente de alcaldía con Grima, Enrique Barcos.

Sin embargo, los hechos fueron puestos en cuestión ante el juez instructor del caso por Mainar, que se retractó de sus primeras declaraciones ante la Guardia Civil para declararse inocente y presentarse como un redentor que había llevado a cabo su acción “por el bien del pueblo”, como dijo en el juicio.

Las pruebas acumuladas por los investigadores de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, entre ellas los rastros de ADN hallados en el coche del alcalde, llevaron a la Audiencia Provincial de Huesca en diciembre de 2009 a imponer a Santiago Mainar una condena de 20 años y 9 meses de prisión, ratificada en octubre del año siguiente por el Tribunal Supremo.

El caso se dio entonces por cerrado, aunque en ámbitos judiciales y policiales nunca se dejó de sopesar la posibilidad de que el guarda hubiera tenido la ayuda cómplice de algún colaborador.

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