Adiós, maestro De la Casa
Este lunes se nos ha ido un referente de la comunicación, el toledano José Ángel de la Casa (Los Cerralbos, 1950). Y no lo decimos siguiendo aquel aforismo acuñado por otro maestro, Enrique Jardiel Poncela: “¡Si queréis los mayores elogios, moríos!”. Pero en este caso es que José Ángel se lo merecía. Pertenecía a aquella generación, prácticamente extinguida, de los locutores deportivos televisivos que acompañaban al espectador con buena dicción y amplios conocimientos. Decimos “acompañaba con su voz”, sin necesidad de explicarle lo que uno ya ve por sí solo en la pantalla. Comedido, al contrario que ahora, no obligaba a quien veía los partidos bajo su control a posicionarse, como un forofo más, a favor o en contra de los contendientes. Tampoco gritaba como un poseso, obligando a bajar el volumen con el mando a distancia. Como en los viejos tiempos instruía, deleitando, siguiendo la escuela de Matías Prats padre. De hecho, solo le oímos una vez en que se le quebró la voz y soltó un inusual gallo en directo: en el 12-1 a Malta con el gol de Señor. Le echaremos mucho de menos.