El paraíso de la Vall de Cardós
Magnífica la visita de Quim Masferrer y su El Foraster a la Vall de Cardós en el Pallars Sobirà para presentar a una serie de personajes la mar de singulares, tarjeta de visita incluida: “No se es de la Vall, si no se ha nacido en ella, se ha sufrido en ella y se ha muerto en ella.” Ese último requisito eliminaba a la totalidad de los protagonistas. ¿A todos? A todos no, porque quedaba Juanito, un octogenario mecánico, junto a su amigo, Cisco, que no reparan más que vehículos del siglo XX. Sufrió un infarto, que lo dejó a las puertas de la muerte y sigue vivo gracias a su marcapasos. Pero hubo más: Conchita, que, a sus 91 años, está enfadada con Dios por llevarse a su marido, después de 68 años de matrimonio, ahora que empezaban a disfrutar de la vida; Enric y sus cabras terapéuticas; o el matrimonio pallarès-australiano de Carmen y Clive... o mossèn Joan, un sacerdote que lo sabe todo de sus feligreses, incluso quién asesinó a Sansa en Tor para envidia del amigo Carles Porta. Visto lo visto, si la Vall de Cardós no es el paraíso, le falta muy poco para serlo.