Tengo la cabeza hirviendo

Imagen de recurso del hospital Arnau de Vilanova de Lleida. - SEGRE
La cita más próxima es para el día 22 del mes que viene.
–Y qué puedo hacer?
–No hay nada que puedas hacer.
El sistema sanitario español es gratuito, universal y competente. El tratamiento contra el cáncer de mi padre ha costado unos 120.000 euros, curiosamente lo mismo que nuestra casa. El sistema está lleno de profesionales brillantes... y otros que no lo son tanto.
Una persona no puede reprochar a otra que haga mal su trabajo, pero hay trabajos que salvan vidas. La medicina ha nacido para aliviar el dolor; el juramento hipocrático es un compromiso ético con el paciente.
Antes de llegar al médico, chocamos con un filtro: personal administrativo. Personas normales, cansadas o poco empáticas, de cuya actitud depende también nuestra salud.
La segunda parte de la historia demuestra que el sistema funciona cuando hay humanidad. Aquel mismo día he conseguido una cita telefónica con mi psiquiatra. Nadie mejora cuando se le grita; la incompetencia o la falta de empatía pueden matar... o dejar en el límite.
La diferencia entre un sistema que falla y uno que salva no siempre son dinero, tecnología o prestigio: a veces es sólo una persona que decide escuchar y ayudar. Gracias a la administrativa que lo ha hecho y gracias a la doctora Buil. Gracias a ti escribo eso con la mente en temperatura ambiente.