SEGRE
Y todo fluye

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Los cambios siempre llegan y transforman los escenarios. Mi generación ya no conoció a los serenos, ni a los linotipistas, ni ha enviado telegramas, y las que siguen no han ido al videoclub, escuchado música de cinta de casete ni llamado mediante una cabina de teléfono. Y no cabe duda de que podemos recordar con nostalgia la elección de películas escudriñando con atención las carátulas, rogando que la que elegíamos estuviera disponible y no alquilada, o elegir la cara A o B de una cinta de música rebobinando hasta llegar a la canción deseada, o buscando cambio en los bolsillos mientras se hacía cola esperando el turno para poder llamar. Hoy en día, todas esas cosas las realizamos a diario desde nuestros teléfonos móviles, que desplazaron las anteriores opciones porque la gente las prefiere. ¿Quién nos iba a decir que los vuelos, los trenes o las habitaciones de hotel se reservarían desde nuestras pantallas? Como canta Mercedes Sosa, todo cambia, “Lo que cambió ayer, tendrá que cambiar mañana, así como cambio yo, en esta tierra lejana”, y es que lo enseñaban los clásicos, no se puede entrar dos veces en el mismo río, aunque a veces lo intentemos, por más que la melancolía o los deseos efluyan.

Es legítimo defender las mejoras laborales, hay que hacerlo. Y más de los servicios públicos que funcionan bien. Pero esa legitimidad tambalea si se ejerce la violencia para imponerse, cuando unos pocos, que no representan al conjunto, actúan de forma vergonzante. Tenemos unos gobiernos muy débiles, tanto en Cataluña como desde Moncloa, que intentan parar el progreso. Eso es un currusco de pan para hoy, pero miseria para mañana. El agua avanzará aunque el Gobierno cierre los ojos y se esconda debajo de la manta. Ni todo lo nuevo es siempre mejor, ni todo lo tradicional está condenado a perecer. Lo sabemos bien los apasionados de libros de papel. En muchas cuestiones hay gran margen para mejorar, pero eso obliga a cambiar el enfoque de las soluciones. Pero si a algo no quiero renunciar jamás es a ser libre, a poder decidir dónde compro, por qué calle paseo o qué medio de transporte uso cuando mejor me conviene. Ese es el modelo social que defiendo, el que trabaja por la igualdad, libertad y solidaridad entre todos los ciudadanos.

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