Sara en 2040: liderar con corazón en tiempo de pantalla y algoritmo
(*)Cofundador y Chief Business Officer de TalensIA HR, Ingeniero, Executive MBA y Consultor de Talento y HRBP | Array
Es un martes cualquiera de junio de 2040. Sara entra en su oficina sin paredes fijas. Hoy toca estar presencial, aunque podría haberse conectado desde casa o desde cualquier rincón con red. En la sala hay plantas colgantes, café de cultivo regenerativo y unas pantallas transparentes que parecen flotar. Todo muy futurista… pero Sara, mientras deja su bolso, sonríe pensando en lo de siempre: “Al final, liderar va de personas.”
Tiene un equipo repartido por medio mundo: Nairobi, Barcelona, Buenos Aires, Sídney. La mitad son humanos; la otra mitad, inteligencias artificiales con nombres elegidos por el propio equipo para que se sientan “de la familia”. A Sara le toca coordinar, inspirar y escuchar. Ya no hay “jefes” como antes. Hay facilitadores, conectores, gente que hace que las cosas pasen sin tanto ruido.
Antes de empezar, Sara abre la reunión con algo que se ha vuelto costumbre en 2040: un minuto para que cada cual cuente cómo llega al día. No importa si estás detrás de un avatar o en carne y hueso. Se comparten estados de ánimo, energías y hasta anécdotas tontas. Eso que las máquinas pueden registrar, pero no interpretar del todo. Sara, sin darse cuenta, ya está haciendo liderazgo emocional.
El mundo de 2040 no es fácil. Todo va rápido, se automatiza, los algoritmos deciden cosas. Pero las personas quieren líderes con piel y con ética, que miren más allá del Excel. Sara lo sabe y por eso insiste en tres cosas: propósito, coherencia y cuidado. Su equipo no solo trabaja, también estudia, comparte proyectos sociales y propone ideas para reducir la huella ambiental de cada tarea.
A veces, entre reunión y reunión, Sara se detiene a mirar el skyline lleno de paneles solares y jardines verticales. Recuerda cuando en 2020 se hablaba del teletrabajo como algo excepcional. Ahora es el día a día y, aun así, la gente sigue necesitando cercanía, humor y sentido. Eso, piensa Sara, no lo va a cambiar ninguna IA.
Hoy tiene también una sesión de mentoría inversa con dos chicos del equipo de 23 y 24 años. Le enseñan nuevas tendencias de comunicación inmersiva. Sara se ríe cuando se atasca con alguna interfaz. “Nunca dejas de aprender”, les dice. Ellos la miran como quien mira a alguien que entiende de personas, no solo de tecnología.
Cuando termina la jornada, Sara envía un mensaje al grupo: “Gracias por el esfuerzo de hoy. Cuidaos mucho. Mañana más tranquilos.” Sin emojis ni discursos. Solo eso. Pequeños gestos que construyen confianza. Porque en 2040, liderar es más acompañar que mandar. Es estar disponible, tener criterio y, sobre todo, no perder la humanidad en medio del ruido digital.
El liderazgo del futuro, y Sara lo sabe, no será cuestión de controlar datos, sino de inspirar y unir. De escuchar cuando nadie escucha, de reconocer errores, de tener el valor de decir “no lo sé” y seguir aprendiendo. Esa es la paradoja más bonita del futuro: cuanto más digital es todo, más necesitamos líderes reales, con defectos, con dudas, con corazón.
Quizá por eso, mientras apaga las pantallas y guarda su libreta (sí, libreta de papel, de las de toda la vida), Sara siente que su trabajo tiene sentido. Y se promete no olvidar nunca que la tecnología cambia, pero las personas siguen buscando lo mismo: confianza, respeto y alguien que les tienda una mano.