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FEDERICO BORGES *

Shackleton y su valentía frente a la adversidad

(*) CLO de TalensIA - Talento, Ciencia e Innovación Profesor asociado de la UdL

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En 1914 el británico Ernest Shackleton llegó con su expedición a la costa antártica con el objetivo de cruzar el continente helado hasta la costa opuesta, pasando por el punto geográfico del Polo Sur. Su anuncio para reclutar a los miembros de la expedición pasó a la historia: “Se buscan hombres para viaje peligroso. Salario bajo, frío extremo, horas largas de completa oscuridad. Regreso dudoso. Honor y reconocimiento en caso de éxito.” En este anuncio podemos anticipar el tipo de liderazgo de Shackleton: honesto, directo, y saber qué hace que las personas tengan fe en un proyecto. Y en la respuesta al anuncio vemos el deseo de descubrir qué tenemos los seres humanos: la oficina de la expedición se vio desbordada por las solicitudes, más de 5000, de hombres y mujeres.

Al llegar a la costa antártica, el navío de la expedición, el Endurance, quedó atrapado por el hielo de la noche a la mañana. Todos los intentos para liberarlo fueron infructuosos. El final era irremediable: el Endurance fue reventando poco a poco por la presión descomunal del hielo del verano antártico.

Fue mérito de Shackleton que no hubiera un sentimiento de tragedia ni de fracaso en la expedición. Transmitió que el objetivo había cambiado, se trataba de sobrevivir, sobrevivir juntos. Y para ello siguieron con sus tareas y con su rutina diaria, y con otro objetivo. Seguramente fue una decisión difícil renunciar a una expedición que era la culminación de su vida y regresar sin haber conseguido nada. Fue una decisión que mostró el temple de Shackleton, para él la seguridad de sus hombres era más importante que la fama o el prestigio. Seguramente tendría un talante especial, ya que fue capaz de abandonar un sueño de años sin amargarse ni amargar a los demás. A pesar de que todos sus planes se habían desmoronado, mantuvo la calma frente a la adversidad, y de manera abierta y natural renunció al objetivo marcado por otro que las circunstancias le pusieron delante.

Durante los tres años que estuvieron malviviendo en el hielo Shackleton no tuvo privilegios, comió lo mismo que sus hombres, soportó el mismo frío, compartió los mismos peligros. Y también tuvo desencuentros con quien no cumplió correctamente sus responsabilidades. Cuando finalmente pudieron preparar un bote para buscar ayuda a través de 1300 kilómetros de un océano gélido y peligroso, Shackleton embarcó también porque era lo que había que hacer, no porque enviara a otros a hacerlo.

Los tres años de peligros terminaron bien: los 28 miembros de la expedición sobrevivieron a la pérdida de su barco, a los meses en el hielo, a la falta de comida. Ese es el gran valor de una expedición que pasó a la historia precisamente por no haber conseguido su objetivo y, sin embargo, haber logrado algo tal vez más difícil, que no se perdiera ninguna vida en el entorno más hostil de la Tierra. Shackleton demostró que el verdadero liderazgo no consiste en hacer algo único a toda costa, sino en hacer algo único juntos. No hace falta que nuestro día a día sea una expedición a la Antártida para aplicar esta sabiduría de adaptarnos a los cambios de objetivo que nos impone la vida, o de anteponer otras necesidades a nuestro ego. Pero sí hace falta el mismo tipo de valentía.

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