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Lo imperfecto que anida dentro de las personas, sus taras emocionales, sus secretos llevados con rabia interior no quita que exista encanto en esos seres. Una especie de entrañable ingenuidad que los torna luminosos y queridos más allá de sus carencias frente a un mundo extraño que en ocasiones los sobrepasa.

La chica zurda es una película con ternura dentro de una vida sentida desde los márgenes. Contiene momentos dramáticos que no empañan esa mirada limpia e inocente en sus personajes, sobre todo la de la pequeña I-Jing, que se lleva buena parte del peso narrativo de esta historia con más momentos de alegría que de pena gracias a esa niña zurda y a sus ingenuas travesuras a pesar de que su abuelo la coarta al señalar que esa es la mano del diablo.

La chica zurda tiene el manejo y el estilo de las películas de Sean Baker, responsable de títulos como Tangerine, The Florida Project o Anora, que le valió la Palma de Oro en Cannes y el Oscar, y que ahora se ha puesto a la sombra de la cineasta Shih-Ching-Tsou produciendo, editando y firmando un guion que la directora de Taipéi ha hecho suyo con espléndidas imágenes de una ciudad luminosa, viva y colorida, aunque la línea argumental pensada por Sean Baker tenga tonos de The Florida Project, con aquella madre y su hija de seis años que malviven en un motel y con un personaje encarnado por Willem Dafoe con espíritu protector, el mismo espíritu de Johnny, un vendedor del mercado nocturno de Taipéi que tiene su puesto junto al de una madre con apuros económicos, problemas que no salva su familia, especialmente la abuela que tiene su lado oscuro.

Esta es una historia sobre esa madre y sus dos hijas, una adolescente rebelde que tuvo que dejar la universidad, metida de lleno en un ambiente nocivo, y esa pequeña con encanto en una temática que se abre a cuestiones no cerradas, a reservas ocultas durante largo tiempo que amenazan con brotar de golpe, como una sentencia dolorosa de la verdad escondida.

Una película de personajes bien trazados, cada uno de ellos con un gran potencial perfectamente interpretado. Los silencios de una mujer a la que la vida no ha sido generosa, la de una joven desorientada, amargada por ofensas y agravios, que pelea orgullosamente por ese tiempo que no ha podido poseer, y una niña que rebosa candidez, y que es un dechado de felicidad aunque nada se escape a su mirada, a su entorno.

La chica zurda es una película magnífica.

Tiene maestría en la dirección de Shih-Ching-Tsou y mucha humanidad en todo lo que la envuelve, abogando por enterrar el sufrimiento con el peso de los afectos.

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