Ser madres
En el 2013 se legalizó en Francia el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero en el 2014 todavía existían algunas trabas legales con el tema de los hijos. La pareja formada por Céline y Nadia esperan un hijo. A Céline se le reconoce el ser la madre legal al estar embarazada, pero Nadia tendrá que demostrar que también es madre a través de diversos trámites burocráticos, y entre lo que se le pide deberá meritar su derecho a la maternidad a través de 15 escritos de familiares, amigos o personas vinculadas a ella, argumentos que sean positivos una vez haya nacido la criatura.
Lo lógico sería pensar que esta ópera prima de Alice Douard se centraría en conocer a esas 15 personas y los movimientos argumentales que se esgrimen en cada una de ellas en relación con la solicitante, pero no. La realizadora utiliza este hecho como algo secundario, y pone la atención en la relación entre las dos mujeres que van a ser madres, sus dudas, sus temores primerizos, el cómo afrontar ese futuro que cambiará sus vidas, los momentos de dulzura entre ambas y la cotidianeidad que van desarrollando en sus trabajos, en la complicidad existente entre ambas mujeres, y en las relaciones con amigos que tienen hijos, en saber que es una tarea en ocasiones difícil de llevar.
Esta historia que últimamente pone de manifiesto una cierta importancia en el cine en torno a parejas del mismo sexo, tanto en producciones francesas como españolas, y que han ido y ofrecen no pocos títulos alrededor de esta temática, ha servido para normalizar el tema, pero aquí concretamente, tiene su faceta más interesante en los momentos en que aparece la madre de Nadia, una pianista famosa que por su trabajo o por su aura de gran artista, descuidó o no pudo estrechar un fuerte vínculo con su hija.
En 15 pruebas de amor, los encuentros entre esos dos personajes tienen más calado que el de la pareja en sí, que la historia en sí, que esquiva cualquier momento que incomode, poniendo de manifiesto tan solo en un par de ocasiones la ignorancia y torpeza de algún idiota. La película tiene algunas fisuras que nos acercan al ternurismo, algo que lastra parte del argumento, todo va en esa dirección, hecho que contrasta con la magnífica naturaleza de la madre de Nadia -estupenda Noémie Lvovsky-, en su forma de ser, sus golpes de diva y dejadez hacia lo que le rodea, su hartazgo y la incomprensión que generó un pequeño trauma en la vida de la joven que por suerte, no llega a ningún exceso dramático porque este título y su directora no caen en esa trampa, aunque eso sí, roza el caer en otras.