Alta intensidad
El Cafè del Teatre de Lleida se convirtió en territorio de blues y rock eléctrico con la visita de la Vargas Blues Band, el proyecto liderado por el músico y compositor madrileño Javier Vargas, una de las figuras esenciales del blues con marchamo español, y músico y compositor de máximo prestigio entre los de su generación. Ocho discos de platino, veintisiete álbumes publicados desde 1991, incontables giras nacionales e internacionales y colaboraciones con artistas legendarios como Chris Rea, Junior Wells, Sugar Blue, Larry McCray, Jack Bruce, Double Trouble o Miguel Ríos, entre otros, avalan la trayectoria impecable y constante de este enorme guitarrista tanto al frente de su banda como en otros proyectos participativos varios. La sala, llena en sus tres cuartas partes, fue marco perfecto para un concierto intenso, vibrante y profundamente emocional, pues hablar de Javier Vargas es recorrer varias décadas de música de alta intensidad. Su estilo bebe de la tradición del blues clásico, al que se suma la energía del rock, destellos latinos –innegable su admiración por el gran Carlos Santana– y una vocación melódica que convierte cada solo guitarrero en un relato de enorme personalidad. En formato de trío power pop, apoyados por el excelente cantante afroamericano Bobby Alexander, su concierto leridano entregó una primera parte contundente, con riffs y desarrollos musicales poderosos, en los que los instrumentos y las voces desplegaron toda suerte de texturas y matices –del susurro limpio al rugido saturado–, y una segunda mitad más abierta a la improvisación con los instrumentos tejiendo una auténtica catarata sonora que encantó a todos los presentes. Durante todo el espectáculo y hasta que, hacia el final, un corte repentino de corriente zanjó de golpe el concierto, la formación se mostró como un engranaje arrolladoramente preciso, de base rítmica sólida, guitarras afiladas, batería contundente y una voz principal capaz de transitar entre la crudeza del blues y la épica rockera. El repertorio, sin sorpresas, combinó unos pocos clásicos de su carrera con composiciones de sus trabajos más recientes, Down Under Blues y Barrio Blues, a punto de editarse, álbumes que reafirman su compromiso con el género desde una perspectiva contemporánea absoluta. En estas nuevas canciones se percibe una producción cuidada y un enfoque más transversal, sin renunciar a la intensidad que ejemplariza a esta banda. Hubo momentos de silencio reverente ante los pasajes más delicados y explosiones de aplausos tras los solos más incendiarios. Vargas, comunicativo y cercano, agradeció la acogida y recordó la importancia de mantener vivos los circuitos de salas que sostienen la música en directo y a proyectos como el suyo. La noche dejó claro que, lejos de acomodarse en la nostalgia, Javier Vargas sigue explorando sus estilos preferidos. Su instrumento de seis cuerdas no solo evoca el pasado glorioso del blues, sino que lo actualiza y lo proyecta hacia adelante. En Lleida, en fin, el blues no fue solo un recuerdo nostálgico a los héroes y leyendas de todos conocidos sino presente palpitante y constatación de que esta categoría musical sigue vivita y capaz de engancharnos hasta los tuétanos mismos.